22 abr 2020

Repartidores de apps de delivery y la precarización laboral

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Frente a la pandemia y la cuarentena que aun atravesamos en el país, quisiera compartir y recordar una nota que escribí el año pasado cuando lxs repartidorxs de Pedidos Ya lucharon por la reincorporación de más de 450 despidos, quienes hoy hacen paro y siguen luchando por mejoras en las condiciones laborales, ART, y sobre todo, por medidas de protección sanitarias contra el COVID-19.
Se las comparto para que podamos recordar cómo trabajan día a día y la realidad que atraviesa a estas personas.


La sede logística de Pedidos Ya en Palermo fue tomada el 26 de febrero del 2019 por trabajadores y trabajadoras que habían recibido la notificación de despido. Ese día se hicieron presentes en la puerta del lugar junto con el Sindicado de Motociclistas, Mensajeros y Servicios (A.SI.M.M) para obtener explicaciones y una inmediata reincorporación. Los trabajadores aseguran haber sido despedidos sin justificaciones y que sus telegramas eran todos fotocopiados.

“Base de Pedidos Ya tomada por los trabajadores por despidos masivos”, “Este local contrata repartidores precarizados”, “Basta de fraude laboral”, “Monotributo igual explotación”, “Cadetes en huelga por sus derechos laborales”, “No caigas en la trampa de Pedidos Ya-Glovo-Rappi-UberEats, las empresas quieren apelar a la medida del juez en defensa de sus intereses. No quieren respetar las leyes ya existentes. Contratan monotributistas a los cuales quedan indefensos ante cualquier accidente”, son algunos de los mensajes que podían leerse en los carteles pegados en la entrada.

Luna Aguilar trabajadora despedida y parte de la comisión interna de despedidos, asegura que durante la toma “la empresa nunca dio la cara, nunca se hizo cargo de que los despidos eran incorrectos, nunca se hizo cargo de que las condiciones laborales no estaban bien”. Además agrega que en esta última instancia pusieron al abogado del sindicato para negociar por las indemnizaciones de los más de 450 despedidos luego de cuatro meses de resistencia y lucha. “Terminamos arreglando por la indemnización de los compañeros, ya en un principio nosotros queríamos la reincorporación porque era lo lógico, si te habían echado injustamente necesitábamos reincorporarnos y necesitábamos trabajar. A pesar de todo durante la toma la empresa se cuidó porque no quería que esto se haga público”.

Luna cuenta que en todo este tiempo solo tuvieron contacto con dos medios masivos de comunicación, el resto les cerró las puertas. Sin embargo dice que tuvieron apoyo del sindicato A.SI.M.M y de trabajadores despedidos de Telam y Coca-Cola. La mayoría de los despedidos, incluyendo Luna, migraron a Glovo o a Rappi, dos empresas que trabajan con la misma modalidad y que toman a los trabajadores como monotributistas. “Desde noviembre que Pedidos Ya viene tomando monotributistas, ahí fue cuando empezaron a echar gente con el argumento de que había una competencia desleal con las demás aplicaciones”, asegura Néstor, compañero de Luna de la comisión interna de despedidos.

Los cadetes aseguran que el consumo bajó y que por lo tanto hay menos pedidos que antes, las “horas pico” ya no tienen la misma demanda de entregas y que a pesar de estar precarizados, son muchos cadetes para tan poca demanda de pedidos. “Casi todos los pedidos son por debajo de los cuarenta y cinco pesos, no tenés ningún tipo de seguro que te brinda la empresa, la realidad es que cada vez hay menos laburo, no hay tantos pedidos en la calle entonces hay muchísimos cadetes: hay más de diez mil entre las aplicaciones en los cuales hay dos mil pedidos”, explica Luna.

Las condiciones laborales de los empleados de Glovo, Rappi y Pedidos Ya son precarias. Para la empresa no son considerados como trabajadores sino como “independientes”. Desde la comisión interna de despedidos denuncian esta situación y piden blanquear a todos los cadetes. Diariamente están expuestos a accidentes de tránsito, al frío y a la lluvia sin las herramientas de seguridad necesarias, sin obra social ni ART. “Cuando llueve vos tenés un incentivo monetario, te dicen: dale salí a repartir porque te conviene, ganás más plata. La gente se enferma y no tienencon quién hablar. Yo estoy en grupos de Facebook de repartidores donde todo el tiempo dicen: me rompí la rodilla, qué hago para que Glovo me de unos días de descanso… y no podés hacer nada porque no sos trabajador, sos un independiente. Entonces los días que vos estás lastimado nadie te responde, y eso pasa constantemente, todos los días un pibe accidentado”, declara Luna.

“Nosotros somos socios de ellos, obviamente no ganamos ni la mitad de la plata que hacen por mes, no podemos poner ningún tipo de condición sobre nuestro trabajo, no podemos exigir absolutamente nada.Vos estás trabajando con tu celular con todo lo que eso implica, no tenés un jefe, no tenés una cara visible de la empresa, no sabés con quién estás hablando cuando hablás con operaciones… entonces es una incertidumbre total, vos estás en la calle y encima prestándole atención a ese teléfono constantemente, tenés que aceptar el pedido antes que el resto, si a vos te suena el celular y no aceptás ese pedido, lo perdiste junto con la plata. Entre cadetes hay una competencia para aceptarlo, para llegar a ese restaurante, y ahí es cuando está el problema de los diez mil cadetes y los dos mil pedidos. Porque la realidad es que si hay tantos cadetes y tan poca demanda de pedidos, hay gente que está en la calle prestado horas a Rappi, pero que nadie le está pagando. Ya hay más de un fallo judicial que obliga a que nos blanqueen y nos pongan en relación de dependencia, sin embargo no están cediendo, entonces lo único que encontramos es juntarnos, charlarlo, encontrarnos y pensar cómo podemos hacer para que también el resto de la sociedad apoye”, agrega Luna.
“Hubo accidentados, chicos con epilepsia, con ataque cardíaco y la empresa ni sabía, se enteraba dos días después”, afirma Néstor. “Nosotros no tomamos la base solo por un conflicto gremial sino que también nos organizamos para que se regularice la situación del peligro en el que estamos expuestos, los accidentes, los fallecidos. Tenemos un compañero de Glovo que se accidentó, tiene una quemadura de primer grado en la pierna, hace seis meses que no se le cicatriza, hace seis meses que no puede trabajar y hace seis meses que no cobra un sueldo porque cobramos por viaje. Automáticamente le cortaron la aplicación y hoy no tiene derechos, se los sacaron a todos. Este chico no tiene nada, quedó directamente fuera del sistema”, explica Néstor.




Luna cuenta que no son los únicos monotributistas que trabajan mediante aplicaciones, “hay un montón que van de la mano de la uberización del trabajo, como la aplicación para pasear al perro, la aplicación para conseguir un hotel, la aplicación para manejar tu plata. Es la cuarta revolución industrial, que es la revolución tecnológica. Eso es lo que estamos discutiendo junto con el sindicato. La cuarta revolución industrial se refiere al cambio de modalidad de contrato y de trabajo y además al cambio de las maneras en las que uno maneja sus bienes y servicios. Lo que busca esta revolución es que todo pase a través de un celular, al pasar esto no hay un control real sobre lo que puede pasar con tus datos, con tu información, con tu plata. En este sentido, nosotros como monotributistas terminamos trabajando ocho horas sin vacaciones pagas. La cuarta revolución es que mediante el sistema de aplicaciones y el monotributismo, el sindicato de trabajadores no pueda tener derechos. De esta manera se pierde la organización sindical y los derechos de los trabajadores”, declara.

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“El gobierno dice que las aplicaciones son la nueva manera laboral, en realidad es una herramienta más del sistema que tienen los empleados, ellos te dicen que no, es la nueva era del trabajo, lo que antes tenías es anulado, ahora es mediante la informática, mediante el celular, computadoras y robots. El personal que va a manejar va a ser monotributista sin derechos por despidos”, explica Néstor. “Te hacen quedar como el malo, como que no querés progresar ni trabajar, que sos un vago. Nosotros no estamos dispuestos que por medio de una aplicación se pierdan los derechos laborales adquiridos. Derechos que por muchos años se pelearon y que de repente vienen y te quieren sacar. Nosotros estamos adaptados a las aplicaciones pero queremos que las empresas regularicen y que no echen gente. Los derechos se van a pelear y seguir peleando. Lo que no vamos a ceder es a perderlos. Nosotros buscamos concientizar”, agrega.

La llegada de la “uberización del trabajo y los servicios” y la “cuarta revolución industrial” que viene de la mano de la tecnología, es causa de la flexibilización laboral y la actual crisis económica. Luna responsabiliza al gobierno y al contexto económico por la llegada de estas empresas al país. “Yo creo que no existirían y no podrían manejarse como se manejan si no estuvieran las condiciones dadas como la crisis del trabajo que estamos viviendo, donde muchas veces hay gente profesional que está laburando en la calle, gente que tiene muchísimo más potencial para estar trabajando en cualquier otro lado y sin embargo tiene que estar pedaleando en la calle. También va de la mano con un gobierno que lo permite porque nosotros para llegar a un punto de juicio y un punto de arreglo, tuvimos que pasar un millón de instancias en las que no solamente las empresas nos bloquearon, sino que también el gobierno nos bloqueó”, explica Luna.

“Hay una relación muy fuerte entre ellos porque lógicamente son las empresas que invitaron a que vengan para acá y la realidad es que mucho tiene que ver con el contexto de migraciones, la cantidad de gente y de jóvenes que están entrando que necesitan trabajo y no pueden conseguirlo en ningún otro lado. El Estado está desaparecido, está completamente ausente en este conflicto tanto como en todos los que están habiendo en el resto del país. Estamos enfrentándonos a algo que es gigante y que el Estado de Macri va a querer avalar y pasar porque justamente tienen todos los factores que a ellos les gusta, son internacionales, hacen plata en dólares, están fugando un montón de guita. Mismos los gatos, que serían los costos de mantener al trabajador no los tienen, entonces un trabajador de Rappi es sostenido básicamente por el cliente y por el restaurante que contratan. Rappi, Glovo o Pedidos Ya no ponen un peso por ese trabajador, entonces las cargas sociales y todo eso al Estado no le pesan tampoco”, dice Luna.

“La lucha es seguir hablando con las compañeras y los compañeros, convocándonos a que traten de ver lo que es ser un trabajador monotributista para querer ser un trabajador en blanco. Nosotros queremos que los cadetes estén en un plantel en blanco con obra social, ART, seguro de vida, si se accidentan que sigan cobrando el sueldo, porque si se accidentan hoy no cobran nada”, declara Nestor. Luna dice que mediante la organización con los demás cadetes, buscan “que los trabajadores se consideren trabajadores, se los tenga en blanco con todas las herramientas correspondientes, con un sueldo fijo a fin de mes, con los seguros correspondientes, con todas las medidas de seguridad que necesitamos para trabajar y con el reconocimiento de las empresas de la relación laboral”.
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23 nov 2018

Mujer, trabajadora y luchadora como Marlene

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Ella es de Carpapata Perú, un pequeño pueblo donde solo podía escuchar la radio y no tenía televisión. Es colla, autóctona de los incas de parte de su madre y sabe hablar un poquito quechua, aunque no se acuerda mucho. Marlene Rocío Palomares Collachagua tiene cuarenta y seis años y trabaja como cocinera en un instituto de educación especial en Capital Federal. Actualmente tiene un emprendimiento de locales de ropa en Alejandro Korn. Su experiencia de vida como trabajadora, mujer, luchadora y extranjera demuestran la realidad en la que vivimos día a día: un sistema de opresión y explotación en donde los países latinoamericanos y los sectores sociales bajos son los más afectados.

Ella dice que es trabajadora de la clase baja, que quiere darle lo mejor a sus hijos y enseñarles que “todo se puede en esta vida”. Acá en la Argentina trabajó en geriátricos, en verdulerías, en puestos de diarios, en una lavandería, en un puesto de flores, en una fábrica, como cuidadora de personas mayores, como limpiadora de edificios, casas y departamentos. También trabajó como cocinera ad honorem en un comedor comunitario de La Boca a cambio de un plato de comida y mercadería. “Yo cuando llegué acá a Argentina sentí que estaba tocando el cielo y pisando el paraíso”, dijo con el mate en la mano. Marlene tuvo una niñez y una adolescencia dura, pero una vida llena de frutos. Por eso siempre tiene algo para contar, una experiencia para compartir y una lección para comunicarle a todo el mundo: es una mujer luchadora que nunca se dio por vencida.

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Su primer trabajo lo tuvo a los trece años cuando se fue de su hogar para irse a Lima y ser niñera a tiempo completo en la casa de una familia judía. “Me fui de casa porque veía que ya la situación no daba. Yo trabajaba y le mandaba plata para mi mamá, y después juntaba para estudiar también”. Ella ya no quería estar ahí, en su casa vivía en un contexto de constante violencia.

Marlene aún era joven y quería terminar sus estudios, para eso trabajó en una panadería con su tía. Se levantaba a las tres de la mañana, entregaba los panes a las cinco y después de eso iba a la escuela gracias a la platita que juntaba todos los días. “Yo la verdad admiro a mi tía, es una mujer trabajadora, yo a esa edad decía yo voy a ser como mi tía Leoncia, está viva todavía”, comentó.

Cuando terminó de tomar mate relató la convivencia con su segunda pareja: “Fue la peor parte de mi vida, era un hombre golpeador, más que mi papá. Al principio lo vi tan bueno, pero cuando me junté con él yo le decía: tú eres el diablo vestido de ángel. Me golpeaba, me golpeaba, me golpeaba tan mal, que después me acordaba de mi mamá y decía: mi mamá habrá aguantado por nosotros. Yo no me quería separar porque si yo me separo, mi hijo Kevin no tiene papá, Nando no va a tener papá, hasta que me embaracé de Antonito”, relató con lágrimas en los ojos. “Fue la peor parte de mi vida. Dije, no voy a tener más hijos, no voy a vivir más con este hombre”, a Marlene se le quebró la voz. “Me voy. ¿A dónde? No sé, pero me voy. Decidí dejarlo”.

Le pregunté a dónde había decidido irse y me contó lo más importante de su historia: “Tengo primas en Italia, ellas me dijeron vente para acá. Y dije me voy a Italia, pero sin mis hijos. Antonito tenía un mes de nacido. Agarré bien mi corazón, lo até bien a mí y dije me voy a Italia, pero cómo hago para llevarme a mis hijos. Llegué a Lima, iba a ir a Italia de manera ilegal, mi prima me mandó un curso para venirme a Bolivia, allí me hicieron un documento boliviano, una mafia. Una mafia que lleva gente ilegal al extranjero. Llegué a Bolivia y me hicieron el documento boliviano donde me llamaba Virginia Pérez, ya no era más Marlene Palomares, era Virginia. Iba a irme como boliviana a Italia. Yo me quería ir, era la única forma. La mafia me hizo estudiar el himno nacional, los platos típicos de Bolivia… tuve que estudiar todo”, declaró.

Marlene explicó que Virginia Pérez en realidad existía, que era una persona que le había vendido su identidad: “Terminé de dar todos mis exámenes y llegamos a la Argentina, nunca me voy a olvidar. Fue una agencia de viajes ilegal, nos cambiaban de identidad y nos llevaban a la Argentina. Cuando llegué acá como Virginia Pérez, nos instalan en un hotel donde ya adentro hacíamos reuniones y salíamos de a dos hacia Ezeiza. Los primeros dos llegaron bien, pero después salieron otros dos y no había noticia de que llegaron. Cuando nos enteramos, a los cuatro días que no había noticias, estaban acá en la cárcel, los habían detectado que no eran bolivianos”.

En ese momento su destino se desvió hacia otro lugar. Italia ya no era más una opción, su objetivo cambió. En el 2004 cuando tenía treinta y un años, Marlene tomó una decisión que marcó su rumbo: “De ahí dije, no, yo no voy a viajar más. Estaba ya sin plata, tuve que dormir en la plaza de Once yo y mis cuatro compañeras. Dije no voy a ir, yo me quedo acá, si acá hay vida. Yo voy a trabajar y voy a traer a mis hijos, acá voy a poder traerlos. Yo sabía que acá podía trabajar y comunicarme con ustedes normalmente, y mis hijos podían estar acá conmigo”.

Con la voz a punto de quebrar, confesó su vida a la intemperie, sin un techo, sin trabajo y sin su identidad real: “Compraba tres kilos de mandarina, uno para el desayuno, otro para el almuerzo y el otro para la cena. Dormía en las calles de Once con mis tres compañeras que siguieron mi camino. Nos íbamos al subte y nos prestaban el baño para bañarnos, cambiarnos y asearnos. No sé quiénes son esas personas que nos ayudaron, quiero ir a agradecerles pero nunca los encontré. Después en las verdulerías empecé a buscar trabajo con compatriotas míos, tanto he caminado que llegué hasta Constitución. Parecía que Argentina era mucha paz porque yo vine de Perú donde había mucha muerte, para mí este país era un paraíso. Así que llegué a Constitución, me dieron trabajo en la verdulería, una compatriota mía, una Cusqueña. Me pagaba dos pesos por día. Ahí trabajé, luego dormía ahí, tenía cama y todo. Así que para mí era lo mejor. Yo les decía a mis compañeras tenemos que encontrar trabajo, pero nadie nos conoce, no tenemos identidad propia, estamos como delincuentes. Pero esto se puede arreglar, todo se puede en esta vida.  Se puede arreglar, yo lo voy a arreglar, me tengo fe”.

Marlene reveló la estructura social en la que vivimos: “En Perú no existe la clase media, existe la clase alta y la clase baja. La clase alta es un diez por ciento y la clase baja es un noventa por ciento, quiere decir que la clase alta domina a la clase baja. La clase alta domina al gobierno para que la clase baja no trate de pensar mejor. ¿Qué hace la clase alta? Le cobra a la clase baja la educación y la salud para que no piense, para que sean ignorantes y trabajen a su mandato. Son pocos los que llegan a ser universitarios y los que llegan, tampoco les dan trabajo. Yo soy de la clase baja. Mi conciencia es esa, salgo para mejorar mi calidad de vida. Yo no quiero volver a Perú, porque si vuelvo voy a volver a ver las muertes, voy a ver la violencia en todo sentido de la palabra, violencia personal, violencia de mi niñez, violencia en el país. Me considero trabajadora de la clase baja, soy extranjera, tengo que poner mi granito de arena, me tengo que ganar el pan del día”.

Ella dice que toda su vida trabajó en negro hasta que tiempo después de haber entrado en el Instituto de educación especial, le ofrecieron el puesto de cocinera. Señaló que el trabajo en negro es explotador, porque durante todo ese tiempo no tuvo aportes ni obra social para cuidar a sus hijos. “Es algo que no te da todos los beneficios como a los demás, más que nada a nosotros los extranjeros. Nosotros los extranjeros estamos sometidos a aceptar lo que venga porque venimos de países en crisis”, comentó.

Con un sinfín de anécdotas para contar, desde las cosas más bellas a las más duras, Marlene provoca esa sensación de creer que vivió mil vidas.

Mujer de mil oficios, de alma y brazos fuertes, de sonrisa encantadora y risa contagiosa: ella es Marlene con todas las letras.

¡Feliz cumpleaños, genia!

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4 sept 2018

Sé el cambio que quieres ver en el mundo

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A cinco cuadras de mi casa

Cuando era más chica asigné esta frase como premisa principal de mi filosofía de vida. Entendía por ella que no solo debo ser un ejemplo o modelo de persona para mejorar las cosas de mi entorno y del mundo sino que mis actitudes positivas podrían contagiar a las demás personas y así lograr que muchas hagan cosas buenas por el bien de la sociedad. En esa época comencé a asistir una vez por semana a comedores comunitarios y realizaba actividades recreativas con las niñas y los niños de los barrios más carenciados del conurbano de Buenos Aires.

Creí que si yo misma me esforzaba por mejorar las cosas, realmente todo iba a mejorar. Pero las sonrisas de esos niños duraban lo que duraba mi visita, porque al volver a sus realidades todo era distinto y yo no podía hacer nada para cambiar sus condiciones de vida. Yo sí era un cambio en el mundo porque comencé a hacer algo por lo que creía que estaba mal, pero no lograba cambiar por completo el mundo ni la vida de nadie. Mi ejemplo ni mis acciones iban a conseguir que el hambre y la pobreza dejaran de existir porque eso jamás dependió de mi voluntad individual sino la de una base y un sistema social que va más allá de mi misma.

Después de darle vueltas y vueltas a la frase, concluí que la responsabilidad individual de la que tantos hablan es una acción aislada que se desfigura en el aire mientras la gente que tiene el poder de dirigir y manejar las condiciones sociales y económicas hace lo contrario a mi propia acción idealista de cambiar el mundo. Ayudar a los demás comenzó a significar algo mucho más que la simple solidaridad y el buen corazón.

Dicen que sé el cambio que quieres ver en el mundo lo dijo Gandhi, un gran influyente político de la India que predicó la paz y el nacionalismo y que hoy en día es reconocido mundialmente por su buen ejemplo. Es casi como una figura a lo Frida Kahlo, lo podemos encontrar en todos lados: en librerías, películas y hasta en diseños de almohadas para decorar ambientes.

Yo soy el cambio que quiero ver en el mundo, pero a Gandhi le faltó explicar un par de cosas más. Por eso aún me pregunto qué hay detrás de esa famosa frase que cada vez que la leo y la pongo en práctica siempre encuentro algo nuevo.

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27 jul 2018

Cuando te cuesta escribir pero necesitás contar

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Otra vez reniego con el sistema de la facultad que no me asignó las materias que pedí, así como en todos los cuatrimestres que comienzan con una lucha por cursar en horarios difíciles. Todo es una burocracia que carcome la paciencia y las ganas de empezar.

Este año dejé el trabajo porque no me dejaban estudiar, salía a las doce de la noche de ahí y no me daban días de estudio y a pesar de que me ascendieron tampoco me aumentaron el sueldo como me habían prometido. Tuve problemas con mi jefe y muchas veces volví a mi casa llorando. Pensé en buscar otra cosa mejor y mientras tanto quería estudiar y volver a dedicarme a lo que más me gusta hacer que es escribir. Ahora escribo en Revista Ahora y seguramente sea redactora en otra pero por el momento no tengo un trabajo fijo ni remunerativo.

Cuando cumplí veintiún años me volví a dar la cabeza contra la pared y entendí que las cosas no me iban a resultar tan fáciles como pensé. Perdí a muchas personas en mi vida y se murió mi gato. Lo extraño tanto que sueño todos los días con él, que viene y yo lo abrazo. Todavía me duele tanto que siento no superarlo nunca más.

Me enamoré por primera vez, conocí gente nueva y por un momento sentí que mi psicóloga quería convencerme de que lo mío no es escribir sino que hay otra cosa por ahí. Conocí en persona a mi escritora favorita y hablamos mucho sobre la escritura y lo que nos pasa a cada una cuando nos bloqueamos. También me decepcionó la persona que más admiro en mi casa y ahora todo es distinto.
Descuidé muchas cosas y casi me cambio de carrera pero estudié tanto que en economía me saqué un cuatro y después un diez. Perdí mucho por descuidar y calculé que me faltan tres años para recibirme pero que me importa  más lo que aprendo que el tiempo que me falta.

Soñé tantas pesadillas que comencé a contarlas como anécdotas y a analizarlas en relación con mí día a día como si intentara autopsicoanalizarme. Al fin y al cabo este blog es solo una ensalada de cosas que escribí y quise compartir pero que quedó ahí y ahora ya no tiene importancia. Muchas veces tuvo una cierta tendencia a ser un diario íntimo aunque no lo fuera o aunque no quisiera. Gracias a él entendí que una escritora es una persona que vive mucho y a veces le cuesta escribir, pero que siempre necesita contar.


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5 may 2018

Análisis crítico sobre la teoría de Thanos de la película Avengers "Infinity War"

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En abril Marvel nos trajo su última película de Los Vengadores y no faltó quien la aplauda. Los fanáticos y el público a fin de los superhéroes expresaron su crítica positiva al filme y destacaron el gran final de Infinity War. En el siguiente artículo busco desmitificar la teoría central de la película por la que alude la trama desde una perspectiva crítica.


En la película, el universo completo corría peligro por una criatura llamada Thanos, quien estaba convencido de que su misión iba a resolver todos los problemas de la humanidad: el hambre y la pobreza. Según este personaje, la superpoblación causaba todas las miserias sociales existentes y para terminar con eso, su propuesta era matar a la mitad de la población. En síntesis, el problema de la humanidad se reducía a la cantidad de las personas existentes. Nada más y simplemente que eso.
Para lograrlo, se dedicó a completar la totalidad de las gemas de su guante del infinito para tener el poder suficiente para matar. Nada parecía detener al villano, ni siquiera los propios superhéroes.

Si bien Thanos no es el único creyente de esta teoría, podemos encontrar en la historia que en la economía política existió un teórico llamado Thomas Malthus, quien desarrolló una "ley natural" de la miseria de la población en términos reduccionistas, donde explica que el problema es demográfico y que a través de las guerras o epidemias, al perder parte de la población por dichas muertes, el equilibrio social y económico volvería a su normalidad. A pesar de esta teoría, se demostró en China que el problema no está en evitar el crecimiento de la población al crear la política demográfica de el "hijo único" para mantener un crecimiento económico sostenido, ya que luego de unos años se demostraron sus consecuencias: excesiva población adulta frente a la cantidad de niños, niñas y adolescentes; cantidad excesiva de hombres frente a la cantidad de mujeres, abandono de bebés niñas por tener preferencia en los varones, crecimiento de la trata de personas y la prostitución, y por último, la migración de las personas hacia otros países. Ninguna política ni teoría demográfica es capaz de evitar los problemas sociales.


Volviendo a la película, podemos ver que los superhéroes, ajenos a las reales necesidades de la sociedad, se unen para impedir que Thanos mate a la mitad de la humanidad. Marvel desvía la verdadera solución al hambre y la pobreza (como lo han hecho todas las historias de su autoría y cualquiera que trate sobre superhéroes que quieren salvar al mundo). Se excluye de la estructura económica y política y reorganiza su trama centrada en un único problema como es la muerte y sólo se busca evitarla. Los superhéroes no luchan para cambiar el mundo y mejorarlo sino para mantenerlo calmo, estable y bajo control. Nunca lucharon contra la pobreza ni las desigualdades sociales, solo buscaron evitar la muerte.

De esto se trata la trama expuesta por Marvel que es consumida masivamente por gran parte de nuestra sociedad. La historia no busca problematizar las desigualdades sociales ni demostrar una real solución, sino que encarna una teoría reduccionista en un villano ultra poderoso que expone el capricho asesino de decir que la humanidad va a estar mejor si somos pocos.
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10 jul 2017

La cercanía de la comunicación

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En un mismo día y en distintos lugares, la gente puede saber lo mismo: aquellos hechos ocurridos en el barrio más cercano, la situación política del país, cuántas horas duró el casamiento de Lionel Messi, cuán altos están los precios, a qué piba mataron hoy.

La comunicación nos vuelve cercanos. El cuerpo y la mente humana buscan constantemente todo tipo de contacto. El humano vive en sociedad y la sociedad es productora de información e intercambios comunicativos.

Así como la comunicación interpersonal es explícita y directamente cercana, la comunicación de masas, producida por los medios, al hacer que una sociedad sea mediatizada, vuelve cercanos a los desconocidos gracias a la difusión de la información. La misma noticia se distribuye por todos lados a través de todo tipo de medios: las personas reciben, consumen; luego hablan de ello.

Todo el mundo sabe lo que pasó en el día, nadie se pierde la nota más importante de la agenda mediática. Todos se enteran de lo mismo.
La información en común nos vuelve contiguos y convierte a los desconocidos en desconocidos cercanos.



Quien camina por la calle y se acerca a la parada del colectivo para a ir a su destino puede tener un intercambio de diálogo con alguien que jamás vio antes en su vida y aun así compartir la noticia del día y coincidir en lo mismo: "mañana habrá paro de colectivos por la inseguridad que hay".
A todos nos llega el dato.

La gente comenta y comparte... sin embargo, y a pesar de todo, no es lo suficiente madura como para lograr que la cercanía comunicativa se vuelva cuestionable (desde la recepción hacia su emisor), tampoco aun la sociedad se volvió accionable en su conjunto para lograr que, aquellos hechos que le aterran (como la "inseguridad" en este caso), deje de suceder. Porque la inseguridad la producen otros. Las víctimas somos nosotros. La comunicación de masas está en poder de quienes gobiernan.

Nosotros solo sabemos poco.
Somos cercanos para nada.
Y tenemos poco idea de esto.
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4 jun 2017

Viajar en tren

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Viajo en el tren Roca hace más de una década. Cuando era chica solía frecuentarlo con algo de miedo: había mucha gente extraña y el entorno reflejaba una realidad alejada de lo que era mi hogar.
Ahora, y después de empezar a estudiar (y tener que viajar varias horas para eso), comencé a pasar más tiempo sentada en el tren que en mi propia casa. Todo eso que era ajeno y desconocido, en un par de meses se volvió parte de mi vida diaria.

Como estudiante de ciencias sociales a veces convierto los espacios que visito en campos y objetos de estudio. En este caso, el tren Roca se volvió mi lugar favorito de observación (una porque no me quedó otra y dos porque lo que pasa allí dentro refleja claramente lo que le ocurre a nuestra sociedad).
La comunicación visual es alta, los intercambios de palabras son escasos, los pensamientos son fuertes y, si es posible, se evita cualquier contacto físico (incluso cuando a la mañana el tren está lleno y viajamos todos apretados). Los únicos que hablan en este espacio público son los vendedores ambulantes.

Recuerdo lo distinto que era todo antes: un vendedor era un pobre desgraciado que no le quedaba otra que vender algo en el tren. Capaz llegabas a Constitución y solo te cruzabas con dos o tres en el viaje... siempre eran los mismos. Este año se ve todos los días a un vendedor nuevo, uno detrás del otro. No pasa un minuto que el de atrás ya está presentando, por diez pesos, con esa voz llamativa y vibrante, un producto superador al anterior.

Mujeres y hombres que ofrecen cosas baratas, más gente y niños que pasan a pedir plata a cambio de los que sea.. lo curioso de todo esto es que a medida que pasó el tiempo se fueron multiplicando.
Ver y comprarle algo a uno de ellos se volvió tan natural que nadie notó el aumento de sus presencias. Antes podían caracterizarse como los "pobres" y hoy en día ya son como un trabajador más. En conclusión, las condiciones laborales no dejaron de deteriorarse hasta llegar a considerar lo más precario en un laburo. Dolorosa realidad.




¿Por qué hay más vendedores ambulantes en el tren?
¿Será porque les gusta, porque decidieron eso para su vida? ¿Será porque se dieron cuenta de que vendiendo dos alfajores por diez pesos ganan más en un mes así que con cualquier otro trabajo? ¿Será porque quedaron desempleados... o no llegan a fin de mes y buscan otra alternativa?
¿Hace cuánto existen los vendedores ambulantes en el tren? ¿Acaso su existencia es culpa de los gobiernos? ¿Culpa de la sociedad? ¿De ellos mismos?

Cuando estaban los trenes viejos sus presencias no predominaban de la misma forma que hoy con los trenes chinos (qué lindo que por lo menos ahora viajamos en carcasas nuevas). Gracias Cristina y Randazzo, por impulsar esta reprivatización del ferrocarril y haber descartado una reindustrialización en el país dirigida y controlada por los propios trabajadores. Pero no, pactaron y permitieron más desempleo y atraso por un negocio con China: te entregamos máquinas (tranqui, no hace falta que las fabriquen ustedes) a cambio de explotarte el sur.

Trenes nuevos, más pobreza y desempleo.

Los que viajamos en el tren seguimos viajando igual (o peor). La apariencia de lo nuevo no significa nada, es solo una superficialidad para contener el dolor y la bronca del aumento de las tarifas y la continuidad del ajuste que sigue el gobierno actual de Macri. La gente que pasa a pedir plata creció cuantitativamente y los vendedores ambulantes son cada vez más. Los gobiernos pasaron y están... mientras tanto el Roca sigue reflejando la descomposición del Estado y el régimen social que nos controla y condiciona día a día.

No podemos mejorar sin una real transformación social. Las reformas (con los gobiernos que estuvieron y quieran estar) solo contienen esta descomposición capitalista que vemos y vivimos todos los días: en el tren, en las calles, en nuestro bolsillo, en el mundo... y en el resto de la humanidad. Porque el poder lo siguen teniendo ellos.

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16 abr 2017

Individualistas

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Dicen que el ser humano es egoísta por naturaleza.

Si hoy en día la ciencia ya no es más darwinista, es porque reducir las actitudes y comportamientos de la humanidad al evolucionismo y al naturalismo de "es un instinto" demostró ser erróneo. Lo "instintivo" de las personas ya no es válido para explicarnos social, política y culturalmente. Si fuéramos egoístas por naturaleza, entonces no existiría la solidaridad. Y para argumentar, si el ser humano fuera individualista por naturaleza, jamás se hubiera agrupado (histórica y socialmente) para sobrevivir.

El ser humano no existió para ser solitario y exclusivo, sino que existe para vivir en sociedad. Esa es la condición de humanidad.

No se puede justificar que alguien no quiera ayudar a otra persona porque "es natural que sea así de egoísta". Esa actitud está condicionada por un montón de cosas más que hacen que aquel tome tal decisión, no es una mera cuestión innata. 

El ser humano es un ser cultural; por lo tanto, que una persona pase de largo indiferentemente frente a alguien que (por ejemplo) está durmiendo en el piso de la vereda, no significa que lo haga porque es lo normal... sino todo el mundo sería indiferente frente a las injusticias sociales. 
Por el contrario, hay gente que cuando ve algo así le duele, le mueve algo por dentro. También están quienes se detienen a ayudarlo... o simplemente entienden que la pobreza es un problema político y no natural.

Lo único natural en este mundo es la naturaleza, donde todo se explica por reglas, instintos... ciclos. No está atravesada por la historia ni produce historia, es el ser humano el causante y productor de la misma mediante su intervención en ella. Somos habitantes e interventores, es la naturaleza la que nos permite vivir. Luego está lo político y cultural que nos permite organizarnos socialmente.

Natural es comer y respirar. Todo lo demás está condicionado por nuestra cultura... que a la vez esta responde y está arraigada al sistema social en el que vivimos. Por lo tanto, si queremos una sociedad menos individualista, nuestra tarea debe ser cambiar de régimen social.
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5 mar 2017

Por qué el mundo entero

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Un veterano de la guerra de Las Malvinas me regaló esto en el tren.

Un domingo a la tarde, volviendo a casa en el subte, me crucé con una familia extranjera que fue observada con cierta "sorpresa" por la gente que nos rodeaba en la estación.

No hablaban inglés ni portugués y estaba segurísima de que venían de África.
Si supieran la admiración y el aprecio que le tengo a su continente y a su cultura se hubiesen dado vuelta para ver la sonrisa que se me escapó al escucharlos hablar.
Las personas que estaban a nuestro alrededor no los miraron de la misma forma en que lo hice yo. Tal vez fue así porque se creyeron el cuento de que no somos lo mismo.

Cuando escribo sobre la sociedad, casi siempre lo hago pensando en el mundo entero y no sólo en las personas de mi país. Creo que reducir todo a lo nacional es ser egoísta y caer en el desconocimiento de nuestra verdadera esencia. El nacionalismo no es sinónimo de industria local y tampoco significa solo apoyar su desarrollo.
Ser nacionalista es encerrarse dentro de cuatro límites y por ende es rechazar a la humanidad entera.

En el continente donde vivo no somos todos iguales y a pesar de ser conscientes de ciertas diferencias (culturales, económicas, étnicas), construimos más barreras y límites para separarnos y desconocernos un poquito más, supongo.
Pero... ¿por qué tanto rechazo? ¿Por qué queremos distanciarnos de esa forma cuando en realidad tan distintos no somos?

Somos lo mismo pero desiguales.
Humanidad única, sociedades distintas.
Del mismo molde pero con apariencias, culturas y clases diferentes.

Lo que nos separa de nuestra condición humana para que no seamos del todo homogéneos es la cultura y la clase social. Todo lo demás son construcciones sociales inventadas por nosotros mismos: los muros, los límites, las barreras, los espacios, las nacionalidades.

El nacionalismo es rechazar a la humanidad toda.

El mundo es uno solo, somos habitantes de una misma tierra dividida por distancias, kilómetros, aguas, climas, geografías, idiomas.

La familia "negra" que conocí aquel domingo por la tarde en la estación de subte no eran muy distintos a mí ni tampoco a esa gente que los miró mal. Eran personas.... al igual que todos.

Porque al fin y al cabo la humanidad es una sola.
Y a esto me refiero cuando hablo del mundo entero.
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10 feb 2017

Historias

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Dejamos huellas cuando caminamos y ecos cuando reímos o hablamos.
Pasar por algún lado es como escribir la historia, es completar el lugar: las plazas, las calles, las ciudades, los bosques, el campo, las rutas, las esquinas, las veredas, las casas de la gente. Todo está marcado y modificado por nosotros. Construimos, destruimos, decoramos, armamos, deformamos y dejamos recuerdos sea por donde sea que pasemos. Pintamos con nuestros colores.

A mí me gusta conocer lugares nuevos porque de repente los puedo llenar de historias.
Es como escribir una hoja en blanco o pintar un cuadro: los espacios se vuelven imágenes de momentos pasados.
Imaginate la cantidad de anécdotas que puede tener un pequeño lugar: el mundo entero siendo escrito por la sociedad.
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2 feb 2017

Una mala costumbre

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Acá estoy después de haber dejado atrás todo.
Tan abandonado que tengo el blog que habrán creído que Aylén no escribe más o se fugó por ahí para no volver nunca más. Pero no, acá estoy.

Tomo café aunque sea verano para recordar esas tardes de invierno llenas de inspiración en las que me sentaba a escribir hasta que me doliera la mano. Tengo dos cuadernos que ya estoy por terminar, uno dice en la tapa "Sé el cambio que quieres ver en el mundo". Ambos están más llenos y vivos que este blog, ahí tengo todo y acá nada.

La respuesta es no, Aylén no dejó de escribir, pero sí se siente decepcionada con su escritura. Se ve negada a compartir algo. Ya no le sale como antes. De hecho, el año pasado Taller de expresión I le rompió el corazón porque hizo que se diera cuenta de que no es la escritora que creía ser, que escribe mal y nunca se expresa como le gustaría expresarse.

No soy cien por ciento buena en lo que más amo hacer en este mundo. Ya no escribo novelas, tampoco crónicas universitarias, reflexiones filosóficas o sueños idealistas. Mis cuadernos se nutrieron de vivencias, cosas que sentí, viví y pensé. Experiencias lindas, feas, tristes y felices. Los odié porque se terminaron convirtiendo en un diario íntimo. Incluso El mundo de Aylu, que para colmo un nombre más egoísta no podía elegir.

Entre mis cuadernos guardé boletos de tren, tickets de cuando salí con alguien, entradas de un recital, apuntes de un curso de formación política que hice en diciembre, una lista de cosas para escribir, entradas de cuando fui al cine y la pasé muy bien, cartas de los nenes del comedor.
Al parecer las palabras no me son suficientes, algún testigo tengo que dejar por ahí entre las hojas.
Nunca nada me es suficiente... nunca me alcanza.

En el 2008 abrí mi primer blog. Ahí escribía, junto con mi hermana, sobre nuestras mascotas. Era como una especie de sustituto del fotolog, pero con más estilo. Lo dejamos.
Crecí y empecé a subir novelas. En el 2012 abrí tres blogs más. Los dejé porque me dieron vergüenza. Me daba vergüenza lo que escribía y podía a llegar a leer. Supongo que es porque crecí.
En el 2014 tuve otro blog y creí que iba a ser el definitivo porque me di la libertad de escribir en él lo que se me cantara, así como en este. Pero lo dejé porque me traía malos recuerdos y tenía ganas de abrir uno nuevo.
Todos... todos me aburrieron. No soporté estar más de dos años con cada uno. Les cambié el nombre, el diseño, los modifiqué, los cerré, los eliminé o los dejé en privado. Intenté olvidarme de ellos para siempre o hacer de cuenta de que jamás existieron. Me arrepentí de todos y mis ganas de dejarlos por uno nuevo fueron proporcionalmente iguales a la cantidad de veces que me mudé de casa y de barrio durante mi infancia. Supongo que por eso me aburro fácil de todo y al tiempo necesito algo nuevo.


Aylén, no todo es reciclable. 
Pero ando por ahí dejando basura y tirando al piso papeles arrugados a mitad de escribir.

Quiero narrar y relatar sobre muchas cosas, abrir cientos de blogs e ir borrando los viejos para que no queden huellas de mi escritora del pasado: más joven, más ingenua, más idealista, más soñadora.

Por primera vez en mi vida sentí lo que era escribir por obligación. Una materia de la facultad que creí amar terminé odiándola, despreciando mi propia escritura y el arte de sentarme a desarrollar las palabras sobre el papel. Lloré al ver la hoja en blanco, me frustré cuando lo que leía no me gustaba y llegué hasta quedarme dormida mientras lo hacía. Escribía para cumplir y ya no podía soportar la acción de releer esos textos que no tenían sentido. Esa no era yo... o sí, pero no la que creí ser siempre.

Mis cuadernos terminaron convirtiéndose en relatos y no tanto en ideas e inspiraciones sobre el mundo como antes. Hice más cosas de las que escribí. Sentí mucho más de lo que todas aquellas palabras pudieron expresar. Pero lo hice solo para mí, por egoísta, porque no quería decepcionar a más nadie. Suficiente lo estaba yo.


Y no escribí más en este blog. Un tiempo lo dejé en privado, quise modificarlo, hacerle unos retoques en el diseño... pero acá estoy quejándome. Porque no me alcanza el tiempo, porque metí cuatro materias por cuatrimestre mientras militaba a tiempo completo y prometí ser el cambio que quiero ver en el mundo. Pero dejé atrás muchas cosas.
Al final no disfruté tanto del estudio como creí que lo iba a disfrutar, fue más tortura que otra cosa. Me quise tragar el mundo entero de una y aunque al final me fue muy bien, no la pasé tan así.

¿Dejar todo o seguir?
Ya no tengo más café en la taza.
Pero tengo ideas nuevas.
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1 ene 2017

Instructivo para atravesar un muro

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Si estás leyendo esto, es porque tu intención es atravesar un muro y no sabés cómo. Apuesto a que lo observaste en vez de enfrentarlo e imaginaste el cómo sería estar del otro lado que el cómo podrías cruzarlo.

Para lograrlo, antes se debe conocerlo. ¿Vos sabés qué es un muro? Un muro es algo que se construyó para impedir ver o estar del otro lado, ¿quién lo construyó? ¿Con qué fin? No olvidemos que además es una limitación. ¿De quién o de qué te quieren separar? También puede ser utilizado como defensa o protección. ¿Estás seguro de que querés pasarlo? ¿En serio no te querés quedar ahí?

Ahora que sabemos lo que es, necesitamos conocerlo de lo que está hecho. Ponete de pie frente a él e inspeccionalo. ¿Está formado de recuerdos, palabras, miedos, inseguridades, ideologías o de historias? ¿Cuál es su materia?

A continuación, vas a necesitar medirlo... aproximadamente, no se requiere nada exacto, es solo un obstáculo. Y no es que quiera retrasarte, pero aún tengo más preguntas; ¿tenés idea de lo que hay del lado opuesto? ¿Te dijeron que allá es seguro? ¿Qué pasa si no hay nada y te arrepentís? No existen instrucciones para volver atrás, ¿lo sabías?

Un muro existe por algo y fue construido con un propósito. Para atravesarlo, hay que dejar de pensar en divisiones, en limitaciones, impedimentos, miedos y en imposibles... como si nada de eso existiera. Imaginá un espacio sin interior ni exterior, sin lo público y sin lo privado. Acto seguido, tocalo. No tengas miedo, es solo un muro.

Ya está, ahora podés pasar caminando, corriendo o gateando... respirá bien y no mires hacia atrás, por más cliché que suene.

¿Qué pensaste, que te iba a decir que lo rompas, que lo saltes o que te estrelles contra él? ¿Para qué? Si después, cuando lo cruces, te vas a dar cuenta de que jamás existió un muro para atravesar.
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14 ago 2016

Fotografía social

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Cuando empecé a sacar fotos por hobbie, tenía diecisiete años y una cámara semipro abandonada por su propia dueña. Ese día mi manía por darle utilidad a las cosas inútiles y olvidadas que hay en mi casa, me hizo salir a pasear por la ciudad con mis amigas con la cámara colgada en el cuello.

Fue así como descubrí que además de fotografiar la ciudad y los paisajes, me gustaba retratar a las personas. De tanto observar, empecé a notar un valor artístico en la espontaneidad de la gente en el espacio público y me convertí en una cazadora de poses que no son poses y momentos casuales que transformé en únicos.

Más tarde me pregunté si podía convertir a la fotografía en algo social. Porque así como le busco la utilidad a las cosas inútiles de mi casa, examino e intento registrar lo positivo y constructivo a los instrumentos que creamos para crear: en este caso, la cámara.


Sentí que la fotografía podía ser algo más que un arte y una pasión: ¿Y qué tal sería que esta fuera un portal hacia la realidad y la toma de conciencia social?
Investigué sobre lo que comenzaba a hacerme ruido y me encontré con el fotoperiodismo y luego con la fotografía humanista, dos prácticas que retratan la realidad.
"Aylén, vos siempre caés en el mismo círculo: hobbie -> pasión -> pregunta filosófica -> investigación -> reflexión -> descubrimiento -> cambio de paradigma -> nueva utilidad a una cosa". No hay caso, la fórmula siempre es la misma.


Cuando empecé a ir todos los sábados a Villa Inflamable, mi visión de la fotografía, tanto como del mundo, se modificaron por completo. Fue un cambio de paradigma que despertó algo nuevo en mí y qué lástima que estuvo dormido tanto tiempo.

¿Qué pasaría si les saco una foto? ¿se molestarían?
¿Y qué ocurriría si la subo a alguna red social? ¿Qué pensaría la gente de instagram, acostumbrada a corazonear paisajes majestuosos, selfies vacías y fotos de comida, al ver una imagen de un par de nenxs en la villa?


Le encontré la vuelta social a la fotografía: retratar la realidad no con un fin artístico, sino con la intención de concientizar, hacer ver y generarle algo al espectador. Que la foto sea fuerte, que choque, que provoque algo: no placer estético, no alegría o admiración; sino todo lo contrario. Que genere indignación, pensamiento y reflexión.


Una persona utilizando una herramienta sobrevalorada que levanta egos, para fotografiar a otras personas en los lugares menos fotografiados... para mostrar lo que está y siempre estuvo, lo que nos rodea y naturalizamos, lo que existe y no debería de existir. Pero está y lo muestro, porque esta también es nuestra sociedad.
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6 ago 2016

Comunicación: Cuestión de escritura

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Escribir es para la gente que sí o sí tiene una pizca de introversión, sino no habría necesidad de comunicar palabras que solo están en la mente y se sienten desde lo más profundo. También es para quienes deben decir algo, ¿Sino por qué se escribiría?
Nadie nace sabiendo que quiere hacerlo durante toda su vida, más bien es una habilidad que se va formando con el tiempo y las experiencias, que va tomando constancia y naturalidad en pos de disfrutar de esta.

Las personas que escriben no se dan cuenta de que lo hacen hasta que sienten placer al sentarse para agarrar el lápiz y plasmar palabras. Quien escribe sabe que es una necesidad o, simplemente algo que no se puede explicar muy bien y que surge desde adentro; por lo tanto, también es un impulso.

La escritura es otra de las tantas herramientas que creó la humanidad. En un principio nació para no olvidar, luego para informar y casi siempre para jugar con ella y darle un sentido estético.
A veces me pregunto qué otro tipo de uso puedo darle.


Una idea no siempre sale sobre el papel tal cual se construyó en la mente —y a menudo ocurre que cuando se lee lo que se escribió libremente, el texto no quedó del todo correcto—. Enfrentarse a las reglas de escritura no es de lo más apasionante para quien escribe solo por el amor al arte y no por amor a la perfección. Duele cuando los párrafos cambian y pierden cierto sentido retórico y personal cuando son corregidos. Los ves y... ya no son los mismos. Sonaban lindos así, tal cual fueron producidos por primera vez con sus propios defectos. Las reglas los transformaron en algo serio; lo que antes era una idea y estuvo intacta en la mente, fue vestida de elegante.

Se escribe cuando el pensamiento se vuelve palabra, la mano no deja de moverse y el mundo desaparece. No hay nada alrededor, es pura soledad y voz interna. "Es el acto más solitario que existe", dijo una vez mi profesora de Derecho a la Información, "... y requiere de mucho esfuerzo, no es fácil escribir, genera cansancio y desgaste mental porque es un descargue, es algo que sale y hay que saber sacarlo".

A veces, solo a veces me pongo a pensar en la suerte que tuve de enamorarme de la escritura.

"Aylén, quiero mostrarte lo que escribí: Hoy estoy sola y está oscuro y me siento triste porque hoy mi papá se acostó conmigo y después se fue o sea se volvió a su pieza...". Me leyó. "Siempre escribo lo triste", me dijo.
Mi sobrina tiene siete años.
"¿Y por qué escribís lo triste?" Le pregunté.
"Para no olvidarme, porque lo feliz siempre me acuerdo".
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24 jul 2016

Crónicas Universitarias: Secuelas Universitarias

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 Secuelas universitarias según wikipedia*:
Secuela (del latín sequēla "lo que sigue", "consecuencia"), en la universidad, es el cambio y/o transformación psíquica tras una excesiva acumulación de conocimientos.
Una secuela es la alteración de la mente y la forma de ver las cosas en el mundo, consecuencia del estudio, de rendir varios parciales en una semana o de dedicarte por completo a la universidad (tras tomarse en serio la carrera).1 Se considera secuela a partir del momento en que no se pueden resolver las consecuencias o la vuelta atrás hacia la ignorancia plena. Generalmente el/la estudiante suele precisar una adaptación física y/o psíquica a su nueva situación vital.2 Aparece después del primer o segundo cuatrimestre de la carrera.
Secuelas del 17/04/16

Creo que debería dejar de escribir sobre la universidad, ¿Pero cómo hacerlo si desde el año pasado se convirtió en una prioridad de mi vida?
Desde que empecé a estudiar no volví a ser la de antes y comencé a sentir la "sed de conocimientos" de querer saber más de lo que me decían los apuntes y, a partir del año pasado, las charlas que más disfruto son sobre lo aprendido académicamente: los debates con mis compañerxs sobre los temas estudiados es lo más genial que hay. En consecuencia, cuando voy a comprar al supermercado, camino por la calle, viajo en el transporte público o visito un shopping, comienzo a analizar la realidad con otros ojos.

Lo único feo de aprender todos los días algo nuevo es, como diría Sócrates, que sabés que nunca vas a saber nada, o por lo menos, nunca vas a saber lo suficiente.
Los meses pasan y las ojeras ya se te tatúan automáticamente. Pero no te preocupes, la gente que te rodea va a naturalizar tu cara masacrada y al corto plazo ya nadie se va a asustar. Tampoco van a tener problemas con verte despeinada o con la remera al revés, al poco tiempo entienden que ese es el precio de querer ser una futura profesional. Después de todo no fue casualidad cruzarme por los pasillos con gente en pantuflas en invierno y personas descalzas en verano.

Poco a poco, vas incorporando la costumbre de sentirte cómoda en tu segunda casa y a dedicar tus ingresos económicos solo para apuntes-libros-sube-comida-y-café. En tus cuadernos tu letra ya no es como en la secundaria. Si antes era prolija y bonita, ahora no te entendés ni vos. Después de todo terminás convirtiéndote en una anotadora de apuntes experta y aunque nadie te entienda la letra, te piden que se los pases.
Con el tiempo comienzan a importarte otras cosas y comenzás a desinteresarte por otras. Sociabilizás hasta en el baño de la facultad y todos los días conocés a alguien nuevx que tal vez no lx vuelvas a ver nunca más.


Secuelas del 25/06/16

Cuando empezás la carrera renegás más que en el CBC (o que el curso de ingreso). De repente caés en la realidad de aquel dicho "durante la carrera te vas a encontrar con materias que no te van a gustar" y te querés matar porque no te queda otra que fumártelas.

Comenzás a estudiar y a descubrir cosas nuevas: en mi caso este cuatrimestre fue sobre medios, derecho, radio, escritura y antropología. Desde entonces ya no me pude sentar a ver la televisión como antes, ya nada es igual. La universidad me convirtió en un monstruo que analiza programas de tv, publicidades, películas, series y noticieros. Ya no puedo consumir lo audiovisual como hace un par de semanas atrás, ¿En qué me han convertido? ¿Alguien puede devolverme mi hermosa y dulce ignorancia, por favor? Mi abuela diría que me lavaron la cabeza y un evolucionista diría que mientras toda esta acumulación de conocimientos sea ascendente, estaré más cerca del progreso intelectual.

Tuve un cuatrimestre de locos: horarios horribles, clases públicas en la calle con menos de diez grados centígrados, trabajos prácticos semanales, días completos dentro de la facultad, decepciones, días muy martes trece y una relación amor-odio con la comunicación. En este tiempo no solo escribí muchos textos académicos que me mandaron para taller de expresión, sino que también hice mi primer programa de radio y mi primera entrevista —en grupo, claro— a alguien dentro de los medios. 
¿Pueden creer que ese día estaba enferma y me quedé sin voz? Sí, hice la entrevista y el programa de radio SIN VOZ. Levante la mano quién tiene menos suerte que yo.

Podría continuar con el registro de secuelas negativas, pero es inevitable agregar también, que durante este período se abrieron puertas hacia caminos que actualmente estoy transitando y todo gracias a la universidad: conocí personas geniales, descubrí un poco más a qué me quiero dedicar y empecé a hacer lo que me gusta.

Cuando les escribo que ahora no soy alguien que sueña con hacer cosas sino que en cambio las hace, lo hago en serio. Si no estuve presente en el blog fue porque además de dedicarme a la facultad, estuve haciendo cosas por la sociedad. Porque cuando les digo que ya nada es como ayer y que no miro la televisión como hace algunos meses atrás es en serio. La universidad te saca de un lugar para llevarte a otro y no lo entendés hasta que te pasa. Te cambia la vida... te cambia todo. A veces creo reconocerme poco, pero la Aylén profesional que está surgiendo me gusta y bastante.

Estoy atravesando un gran cambio de paradigma en cuanto a mis objetivos de vida y aún no logro superar la crisis universitaria de la que les hablé una vez. Pensé en cambiarme de carrera pero todavía sigo acá, creyendo que no es mala idea ser comunicadora. También por un momento escuché a mi Aylén antropóloga interior, que está ahí desde que soy chiquita y que me susurra que deje todo y sea investigadora, que eso va mejor conmigo. Pero... no sé, no puedo. Estoy acá atrapada en otra parte que me gusta pero me tortura. Sí, hoy quiero declarar que Comunicación y yo tenemos una relación amor-odio, pero la estamos remando.
 "No eres tú, soy yo", le dije el otro día.


Secuelas del 14/07/16

¿Será que la crisis universitaria sigue en pie y nunca se fue? ¿Será que tanto estudio, lecturas nuevas y cursadas intensas te lavó el cerebro? ¿Será que llegar a dormirte en el teórico de Taller de expresión I te superó, cuando creíste que iba a ser tu materia favorita?
Suspirás, entrás a tu blog, intentás escribir algo pero no te sale nada. Releés tus entradas anteriores para buscar motivación y, en su lugar, tenés ganas de arrancarte los ojos al ver lo mal que escribías.
Entendiste que llegó la hora de aceptar que tu escritura no es tan buena como parece, que tenés errores de puntuación porque ponés las comas, donde no van y sufrís exceso de repeticiones de palabras palabras. Pero le ves el lado positivo: haber cursado taller te ayudó a mejorar, a detectar tus errores de redacción y a querer ser mejor en tu forma de expresión.

Y de repente te encontrás sola tomando mate amargo como lo hacés en la facultad con tus compañerxs y pensás en el CBC, en lo  lindo que sería volver a vivirlo solamente para sentir la ingenua ilusión de empezar Comunicación, sin saber realmente qué era lo que te estaba esperando o, para volver a ser esa Aylu del pasado, un poco más inmadura y soñadora. Al fin y al cabo, las secuelas universitarias te dejaron mucho más que ojeras y aprendizajes nuevos.

Nuevamente suspirás y te acordás cuando la semana pasada te quedaste dormida en la entrega de carpeta y tuviste que atravesar una odisea con el transporte público para poder llegar a la clase cuanto antes. Intentás reírte de vos misma pero solo te dan ganas de autopalmearte el hombro para decirte: Aylu, ni vos te entendés. Tu cabeza nunca antes había sido el quilombo que es hoy. Ya no tenés remedio, ya está, todo fue hecho.

Que los prácticos a la mañana, que los teóricos a la noche, que los parciales todos juntos, que las clases infumables, que lxs profesorxs copadxs y lxs forrxs, que tu falta de ganas y motivación para leer los textos, que los viajes horribles en el tren para llegar a cursar, que aquella vez que te quedaste sin voz el día que tenías que hacer una entrevista y un programa de radio, que un pibe que salió en las noticias por haberse recibido de abogado en dos años y medio y que tu familia te pregunte: ¿Tu carrera también se puede rendir libre?

¿Tanta suerte ibas a tener, Aylén?


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14 jul 2016

Crónicas universitarias: Entrevista a otros estudiantes universitarios (I)

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Los siglos pasaron y acá estoy nuevamente para traerles algo diferente. Hace un tiempo creí necesario cambiarlos de lugar a ustedes, que siempre comentan las crónicas universitarias, para convertirlos en nuevos protagonistas. Porque no soy la única estudiante que tiene algo para contar y porque está bueno cuando hay pluralidad de voces. "Un solo mundo, voces múltiples", así tal cual lo quería McBride.

Como me cansé de escribir solo sobre mí y sentí la necesidad de saber sobre sus experiencias, activé mi rol de comunicadora y entrevisté a algunos de los que usualmente comentan la sección. Dejé mis pies sobre la tierra y que mi cabeza volara hacia el pasado, para recordar qué me hubiera gustado leer sobre un estudiante universitario antes de comenzar mi propio camino por ahí; porque todos en algún momento tuvimos esa curiosidad e incertidumbre que nos carcome de nervios al momento de largarnos hacia algo nuevo.

En esta primer entrega les traigo a Julián de "Opiniones Marginales" y a Emi de "Random Vosa", compañeros blogueros con quienes comparto de vez en cuando algunas charlas por chat. Sin dudas creí que eran los indicados para que dejaran su voz en Crónicas Universitarias.

Julián estudia Letras en la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Filosofía y Letras), su amor por las palabras y la literatura lo llevaron a elegir lo que actualmente le apasiona. Acá nos comparte una foto de su facultad, ¡Aguante Puan!

¿Qué es ser estudiante universitario?

-Ser estudiante universitario es un compromiso con nuestro propio destino. Es una decisión que transforma nuestra manera de ver el mundo y nos abre las puertas hacia nuevos horizontes en diferentes aspectos, tanto a nivel profesional como personal, tanto en el ámbito del conocimiento como en nuestra postura ante la vida, la sociedad y el mundo. Ser universitario es la realización de una experiencia que no se agota en la universidad. 

Según tu experiencia, ¿Cuál sería la clave del éxito de todo estudiante universitario?

-Si la carrera que estás estudiando se corresponde verdaderamente con tu vocación, estás en el camino correcto. He conocido muchas personas muy disciplinadas y brillantes que a mitad del CBC o del primer año de carrera desaparecían del aula. Lo que no está mal porque descubrieron que ese no era su lugar. Estudiantes que aspiraban a ser especialistas en Letras, Artes o Filosofía se confrontan con una realidad muy distinta a la que ellos pensaban y terminan dedicándose a otras carreras que sí encajan con lo que realmente buscan. El éxito de cualquier estudiante no radica sólo en la cantidad de materias que pueda meter en un año, sino en comprender cuál es su posición como profesional dentro de nuestra sociedad y cómo a partir de los conocimientos del área en la que está trabajando puede contribuir a la comunidad. 

Emi estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Tucumán (Facultad de Filosofía y Letras) y le queda poquito para terminar la carrera. No podía perder la oportunidad de interrogar a una estudiante casi profesional, ¿no? 
Esta es Hocico, su gata siamés. Levante la mano quién no tiene un gato que se acuesta sobre los apuntes.

¿Cuál es tu mejor recuerdo de la universidad y cuál es el peor?

-Debo haber tenido varios, jaja, pero de los peores el que más me suena ahora (porque es el más reciente) es el de un final de Producción Periodística, en el que te dan tres temas de actualidad con los cuales producir una crónica, una columna de opinión, una noticia, etc; depende de lo que el profesor te asigne. Me pasó que llegue y no sabía nada sobre esos temas, no los había considerado TAN relevantes en la agenda temática, (mi) error, supongo. Me sentí horrible. (La anécdota termina con que pude salir de la situación sin un 1 apareciendo en el siu guaraní, pero de todas formas en la siguiente mesa me saqué un 3 y me había ido mejor, en teoría, no sé, el KARMA or something).
Otra fue cuando me pidieron leer algo en voz alta y me puse rojísima, es sumamente incómodo para el que lo está viviendo y a mí me frustra demasiado. Estoy tratando de manejarlo, no porque el rubor vaya a parar, sino para no sentirlo tan caótica y dramáticamente. 
En cuanto a una buena, no sé me ocurre ahora una en especial. 
Algunos lo odian, a mí me gusta mucho estar tirada en el suelo (porque la clase está llenísima y no quedan bancos) alrededor de tantos alumnos, viendo grupos pasarse un mate mientras escuchan la clase. No sé, ese interés por la carrera al punto de aguantar esas situaciones me parece muy lindo en cierta manera. 

De por si me gusta estar sentada en la Facultad, tirada en el suelo del aula, en el pasillo u otra parte. Hay un ambiente y un clima que se comparte entre alumno y alumno. Hay algo ahí flotando. No sé qué es, pero me agrada sentirlo. Es la experiencia de reconocerte como estudiante universitario compartida por todos.

 ¿Qué consejo le darías a quienes están por comenzar su camino universitario?

-Es difícil... Y supongo que depende de cada uno. De acuerdo a mi caso y experiencia, diré: estudia aquello que te gusta, que te llama la atención, a pesar que te dé miedo, que sea un desafío para vos por x razón, ya sea que no hagas una de matemáticas (como las divisiones, The horror) o que te cueste relacionarte con la gente y seas muy ansiosa y te interesa una carrera como comunicación, ETC, (hay tantas posibilidades), pero enfrenta la situación, esforzate y de alguna manera vas a adaptar lo que elegiste a vos, así como vos te adaptaras a tu elección. 
También, aprovecha y estudia ahora que podés, no porque cuando tengas 30 no puedas, pero sí es diferente y no siempre lo afrontas ni sentís de la misma manera. No es lo mismo empezar una carrera a  los 18 y otra a los 22, aunque parezca minúsculo el intervalo de tiempo; existe. No digo que te resultará imposible pero si lo enfrentarás y vivirás de otra forma, quizás no con las mismas ganas y tiempo. O quizás sí. Tal vez descubras que la Universidad no es lo tuyo, puede ser y no pienso que alguien debería sentirse presionado a acabar la carrera u horrible por querer dejar una y dedicarte a otra cosa, pero vale la pena hacer el intento y probar, quitando todos los esfuerzos, líos, paros, quejas, falta de bancos o de herramientas y un largo etc, la experiencia es muy bonita, solo si te permitís y detenes a verla.
Ser estudiante universitario es bello y estresante, satisfactorio y aterrador, emocionante e incierto.



Ahora toca la parte de entreponer respuestas distintas de una misma pregunta. 
Está comprobado que todos los estudiantes tenemos un método de estudio diferente y que no a todos nos funciona estudiar de la misma forma. Algunos utilizan el resumir-resumir-y-resumir, otros solo estudian de apuntes; la mayoría hace cuadros/redes conceptuales y unos pocos leen y releen sin descanso lo resaltado de los textos. Una de las preguntas que les hago continuamente a mis compañeros de la facultad es, "¿Cómo hacés para estudiar?" Porque me encanta descubrir nuevos métodos y maneras de hacerlo. Desde el año pasado hasta ahora, tuve la oportunidad de probar varias formas y de encontrar con cuáles me siento más cómoda y de qué modo se me hace más fácil aprenderme los textos. Veamos qué dicen Julián y Emi al respecto:


¿Cuál es tu método de estudio más efectivo?

-Julián: Uno de los métodos de estudio que he implementado es reescribir o pasar en limpio mis apuntes. En realidad, este es un hábito que creo que todo estudiante universitario incorpora. Lamentablemente, yo lo he incorporado a las patadas; en mi primer año de carrera, todo lo que había en mi cuaderno eran garabatos mezclados con palabras de profesores. De modo que ahora llego a casa, arranco las páginas que escribí en el día y las transcribo. Reescribir es una forma de organizar la información para aprehenderla con mayor facilidad, retener y "refrescar" todo lo visto en clase, en especial si se trata de materias prácticas como Gramática o Latín, que en el caso de mi carrera requieren mucha ejercitación. Organizar, redactar e interpretar correctamente los conceptos que la carrera nos exige que manejemos a lo largo de nuestra trayectoria académica es de vitalísima importancia, y por esta razón es importante leer, escribir y resumir.

-Emi: Soy bastante desorganizada, más ahora que  pasé/paso por unos momentos difíciles que menos ganas de estudiar me dieron. Pero sé de gente que se pone una cierta cantidad de tiempo cada día para estudiar, como metas a cumplir y en ese tiempo se dedica sólo a eso, casi religiosamente (aunque a veces se falte a la misa estudiantil) 
Yo trato, por lo menos, de ponerme cierta cantidad de páginas, jaja, un texto por ejemplo y me propongo leer al menos ese. Cuasi me torturo (?), leo eso y puedo dormir. Sigo hasta que ya no entiendo nada y se me cruzan las palabras. Sí, no soy el mejor ejemplo. (Si me dedico a ser una persona normal, consigo levantarme a la mañana y dedicarle al estudio luego de un rico desayuno y de sacar a Ramona, mi perra).
O si tengo que hacer un trabajo, como una monografía, me viene bien tener algo de música (quizás te distrae menos si es solo instrumental), que me mantiene despierta y me hace mover ligeramente el cuerpo mientras las ideas se arman en mi cabeza.
Escuché también que está bueno tomar mate mientras se estudia, porque esos pequeños movimientos te mantienen despierto y/o atento al trabajo. 


¡Muchísimas gracias a Julián y a Emi por compartir sus experiencias para Crónicas Universitarias! Fue un gusto chusmear con ustedes. ¡Toda la suerte del mundo para sus vidas estudiantiles!

Sé y soy consciente que no aparezco por acá desde hace rato. No significa que no estuve escribiendo, de hecho, es lo que más hice durante este tiempo; solo ocurre que me encuentro planificando nuevos proyectos que pronto se los voy a presentar. Ténganle paciencia a Aylu.
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1 may 2016

Barrio Adentro

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El colectivo 373 nos dejó en las vías justo en la entrada de Villa Inflamable, un barrio que se encuentra en el partido de Avellaneda en la provincia de Buenos Aires.  En una esquina estaban escuchando cumbia santafecina y justo en frente pasaba un camión de Shell que se dirigía a la petroquímica, no muy lejos de donde estábamos. Eran las tres y media de la tarde, había sol pero hacía frío; metí las manos en los bolsillos y observé a nuestro alrededor: basura en la calle de tierra, un patrullero estacionado a pocos metros y un pequeño parque que contrastaba con las casas de chapa, los perros vagabundos y una señora arrastrando un carrito repleto de cartones y botellas de plástico.

Llegaron a buscarnos y entramos al barrio, en donde un grupo de chicos que asisten a un comedor comunitario llamado "Los amiguitos", nos estaban esperando. Caminamos por caminos que no eran calles y esquivamos charcos de agua estancada de lluvias otoñales de hace quince días atrás. Sentí mi garganta arder por aquel olor ácido que había en el ambiente; estábamos en una zona en emergencia ambiental, no teníamos la menor duda. Los desechos químicos e industriales están matando todo.


Yo iba hablando con Hebe, una compañera que conocí el año pasado cuando hice el CBC, a quien mencioné en una de las primeras entradas de Crónicas Universitarias. Ella me preguntó si alguna vez había entrado a una villa y yo asentí, no era la primera vez. Durante mi infancia me tocó vivir en varias ciudades del conurbano del Gran Buenos Aires y a las villas las conocía, pero nunca me adentré tanto en una como aquel último día de abril del año 2016.

Llegamos al comedor y nos hicieron pasar. Sentados todos en su lugar, nos recibieron con un tímido "hola". Yo sonreí, eran un montón. Saludamos a las mujeres encargadas del comedor, trabajadoras de una textil y fundadoras de una cooperativa, que nos dieron la más cálida bienvenida.
Allí dentro de aquel sector de cuatro paredes hechas de chapas, había una pequeña cocina, una televisión, un sillón, dos mesas y muy poca luz. A penas cabíamos todos.

Cuando salimos afuera para presentarnos, los chicos salieron corriendo y se dispersaron. Unos se pusieron a jugar a las cartas, algunas nenas se nos acercaron curiosas, y otros exclamaron, mientras corrían a esconderse: ¡Esas chicas nos van a hacer estudiar!

Como lectores se preguntarán por qué les estoy contando esto; como seguidores del blog dirán: "Aylén otra vez escribiendo un post más distinto que el otro"; y como persona perteneciente a una sociedad, se preguntarán: ¿Qué hace ahí? ¿No es peligroso?


Cuando empecé la universidad, sabía realmente por qué había elegido estudiar y ser una profesional. Muchos pensarán que solo lo hago para que en el día de mañana, cuando me reciba, tenga mi trabajo, mi casa, mi familia y mi dinero —en simples palabras, para tener éxito en la vida—. En realidad ese no es mi caso. Yo elegí entrar a la universidad y estudiar comunicación social para formarme como una profesional que tenga las herramientas necesarias para, todos los días, hacer una sociedad y un mundo mejor. Creo en la comunicación como una de las tantas herramientas que existen para cambiar el mundo: para contarle a la gente las cosas que pasan y cómo somos realmente; para hacer ver lo que los otros no quieren ver y darle voz a los que no la tienen. Y así, como yo, mis compañeras iban con otras visiones y objetivos: una estudia periodismo, otra psicología, otra enfermería, otra abogacía, otra medicina, y Hebe, comunicación como yo.
¿Qué sentido tiene estudiar tantos años, cursar tantas horas y tener un título, si no conocemos la realidad que nos rodea... si no intervenimos con las injusticias de nuestra sociedad? ¿Salís de la universidad solo para trabajar? Te estás olvidando de que un profesional existe y está para contribuir con la comunidad, sino, ¿para qué existen los médicos, los abogados, los ingenieros, etc.? Todos, absolutamente todos, desde distintos ámbitos y vocaciones, hacemos algo en la sociedad, ya sea positiva o negativamente.


Nos sentamos en el piso y llamamos a todos para hacer una ronda, pero, ¿Para qué estábamos ahí? A los nenes les explicamos que vamos a ir todos los sábados para jugar con ellos, hacer talleres, actividades recreativas y para ayudarlos a hacer la tarea de la escuela. A partir de ese día nos convertimos en educadoras populares: no somos una luz que ilumina mentes oscuras sin conocimiento, sino que somos aprendices de ellos y ellos aprendices de nosotras. Algo así como una especie de retroalimentación educativa: nosotras les enseñamos a ellos y ellos nos enseñan a nosotras. Un vínculo que cruza dos lados constantemente. Un ida y vuelta.
En esa ronda cada uno se presentó y, uno de ellos —luego de presentarse como Robertito—, nos dijo que quería aprender a leer y nos pidió que le enseñáramos para "poder leer todos los libros que tiene en su casa". Una vez que nos conocimos todos, me acerqué particularmente para entrevistarlos uno por uno. 

¿Cómo te llamás? ¿Cuántos años tenés? ¿En qué grado estás? ¿Cuál es la materia que más te gusta y cuál es la que no? ¿En qué materia necesitas ayuda con la tarea? ¿Sabés leer y escribir? ¿Sabés sumar, restar, multiplicar, dividir? ¿Cuál es tu juego favorito?
Yo y Hebe entrevistamos a cada uno y no puedo explicar todo lo que sentí al comunicarme con ellos. Muchos tenían vergüenza o eran tímidos a la hora de responder las preguntas, pero la mayoría se me acercaba con entusiasmo y, entre risas, compartían conmigo un pedacito de sus vidas. Cada nene y cada nena me abrió su mundo y me contestó con sinceridad, un poquito sobre quiénes son.
Cuando llegué al último que me quedaba para entrevistar, no me imaginé lo que me iba a decir.

-Hola, ¿cómo te llamás?
-Jorge.
-¿Cuántos años tenés?
-Once.
-¿En qué grado estás?
-No voy a la escuela.

No va a la escuela.

-¿Por qué no vas?
-Y... porque tengo problemas con mi familia y nadie me lleva, pero yo quiero ir.
-¿Vos querés aprender a leer y a escribir?
-Sí.
-Bueno, nosotras te vamos a enseñar y vas a poder leer y escribir todos los libros que quieras.

Luego de conocer a Jorge ya no daba más, necesitaba llorar por un momento. Después de conocerlos y saber en qué condiciones estaban viviendo, ya no me sentí igual.
Respiré, le sonreí y le pregunté cuál era su juego favorito: "El fútbol", me contestó. "¡Qué genio!" Le dije. Y lo vi sonreír.
Hace unos segundos atrás casi nos ponemos a llorar los dos, pero en ese momento ya estábamos sonriendo. Así, con segundos de diferencia.
Miré mi cuaderno con un nudo en la garganta y me di cuenta de que habían muchos que no sabían escribir, y al igual que Jorge, algunos tampoco iban a la escuela.





Ya eran casi las cinco de la tarde y después de merendar, cada uno se preparó para volver a sus respectivas casas. Mientras se iban y dejaban la taza donde antes había arroz con leche, los vi temblar de frío. Uno de ellos tenía fiebre y estaba tirado en el sillón del comedor. Imágenes que para mí, fueron fuertes.

En ese instante ya no estaba viendo a una sociedad como masa —como cuando les escribo por acá y les digo qué es la sociedad—, tampoco estaba escuchando un teórico sobre cultura y sociedad en la Facultad de Sociales. Simplemente me encontraba en el sector más ignorado por todos nosotros. Yo estaba ahí con ellos: con los ninguneados, con los abandonados y con los peligrosos.
¿Cómo cruzarse de brazos y no hacer nada, después de saber que a esos nenes se les priva de sus derechos como el comer, ir a la escuela y saber leer y escribir? ¿Puedo culpar a la política, al Estado, a Dios? ¿A quién puedo culpar mientras me siento a ver la televisión y espero que se solucionen las cosas? Podría elegir la ignorancia y ser feliz, tapándome los ojos cada vez que se me presenta algo como esto, total estas cosas siempre ocurrieron y van a ocurrir, ¡Tantos niños en todo el mundo que viven en estas condiciones!

La gente que me conoce, incluso mi familia, me dijeron que estoy loca, que estoy al pedo y que eso es muy peligroso... que algo me va a pasar.
Si estoy loca por querer mejorar la realidad, puede ser; si estoy al pedo es algo discutible; si es peligroso... bueno, podría ser, pero lo único que me va a pasar al ir todos los sábados para estar con esos chicos, es sentir que al fin estoy haciendo lo que siempre quise: no conformarme frente a las injusticias de nuestra sociedad y hacer algo para cambiarlas.

El día de ayer, para mí, fue un día triste e indignante... pero esperanzador. Espero que este post les haya llegado a ustedes tanto como a mí aquella experiencia, porque ya no sé de qué otra manera explicar lo que viví al conocer a esos nenes.

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