1 may 2016

Barrio Adentro

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El colectivo 373 nos dejó en las vías justo en la entrada de Villa Inflamable, un barrio que se encuentra en el partido de Avellaneda en la provincia de Buenos Aires.  En una esquina estaban escuchando cumbia santafecina y justo en frente pasaba un camión de Shell que se dirigía a la petroquímica, no muy lejos de donde estábamos. Eran las tres y media de la tarde, había sol pero hacía frío; metí las manos en los bolsillos y observé a nuestro alrededor: basura en la calle de tierra, un patrullero estacionado a pocos metros y un pequeño parque que contrastaba con las casas de chapa, los perros vagabundos y una señora arrastrando un carrito repleto de cartones y botellas de plástico.

Llegaron a buscarnos y entramos al barrio, en donde un grupo de chicos que asisten a un comedor comunitario llamado "Los amiguitos", nos estaban esperando. Caminamos por caminos que no eran calles y esquivamos charcos de agua estancada de lluvias otoñales de hace quince días atrás. Sentí mi garganta arder por aquel olor ácido que había en el ambiente; estábamos en una zona en emergencia ambiental, no teníamos la menor duda. Los desechos químicos e industriales están matando todo.


Yo iba hablando con Hebe, una compañera que conocí el año pasado cuando hice el CBC, a quien mencioné en una de las primeras entradas de Crónicas Universitarias. Ella me preguntó si alguna vez había entrado a una villa y yo asentí, no era la primera vez. Durante mi infancia me tocó vivir en varias ciudades del conurbano del Gran Buenos Aires y a las villas las conocía, pero nunca me adentré tanto en una como aquel último día de abril del año 2016.

Llegamos al comedor y nos hicieron pasar. Sentados todos en su lugar, nos recibieron con un tímido "hola". Yo sonreí, eran un montón. Saludamos a las mujeres encargadas del comedor, trabajadoras de una textil y fundadoras de una cooperativa, que nos dieron la más cálida bienvenida.
Allí dentro de aquel sector de cuatro paredes hechas de chapas, había una pequeña cocina, una televisión, un sillón, dos mesas y muy poca luz. A penas cabíamos todos.

Cuando salimos afuera para presentarnos, los chicos salieron corriendo y se dispersaron. Unos se pusieron a jugar a las cartas, algunas nenas se nos acercaron curiosas, y otros exclamaron, mientras corrían a esconderse: ¡Esas chicas nos van a hacer estudiar!

Como lectores se preguntarán por qué les estoy contando esto; como seguidores del blog dirán: "Aylén otra vez escribiendo un post más distinto que el otro"; y como persona perteneciente a una sociedad, se preguntarán: ¿Qué hace ahí? ¿No es peligroso?


Cuando empecé la universidad, sabía realmente por qué había elegido estudiar y ser una profesional. Muchos pensarán que solo lo hago para que en el día de mañana, cuando me reciba, tenga mi trabajo, mi casa, mi familia y mi dinero —en simples palabras, para tener éxito en la vida—. En realidad ese no es mi caso. Yo elegí entrar a la universidad y estudiar comunicación social para formarme como una profesional que tenga las herramientas necesarias para, todos los días, hacer una sociedad y un mundo mejor. Creo en la comunicación como una de las tantas herramientas que existen para cambiar el mundo: para contarle a la gente las cosas que pasan y cómo somos realmente; para hacer ver lo que los otros no quieren ver y darle voz a los que no la tienen. Y así, como yo, mis compañeras iban con otras visiones y objetivos: una estudia periodismo, otra psicología, otra enfermería, otra abogacía, otra medicina, y Hebe, comunicación como yo.
¿Qué sentido tiene estudiar tantos años, cursar tantas horas y tener un título, si no conocemos la realidad que nos rodea... si no intervenimos con las injusticias de nuestra sociedad? ¿Salís de la universidad solo para trabajar? Te estás olvidando de que un profesional existe y está para contribuir con la comunidad, sino, ¿para qué existen los médicos, los abogados, los ingenieros, etc.? Todos, absolutamente todos, desde distintos ámbitos y vocaciones, hacemos algo en la sociedad, ya sea positiva o negativamente.


Nos sentamos en el piso y llamamos a todos para hacer una ronda, pero, ¿Para qué estábamos ahí? A los nenes les explicamos que vamos a ir todos los sábados para jugar con ellos, hacer talleres, actividades recreativas y para ayudarlos a hacer la tarea de la escuela. A partir de ese día nos convertimos en educadoras populares: no somos una luz que ilumina mentes oscuras sin conocimiento, sino que somos aprendices de ellos y ellos aprendices de nosotras. Algo así como una especie de retroalimentación educativa: nosotras les enseñamos a ellos y ellos nos enseñan a nosotras. Un vínculo que cruza dos lados constantemente. Un ida y vuelta.
En esa ronda cada uno se presentó y, uno de ellos —luego de presentarse como Robertito—, nos dijo que quería aprender a leer y nos pidió que le enseñáramos para "poder leer todos los libros que tiene en su casa". Una vez que nos conocimos todos, me acerqué particularmente para entrevistarlos uno por uno. 

¿Cómo te llamás? ¿Cuántos años tenés? ¿En qué grado estás? ¿Cuál es la materia que más te gusta y cuál es la que no? ¿En qué materia necesitas ayuda con la tarea? ¿Sabés leer y escribir? ¿Sabés sumar, restar, multiplicar, dividir? ¿Cuál es tu juego favorito?
Yo y Hebe entrevistamos a cada uno y no puedo explicar todo lo que sentí al comunicarme con ellos. Muchos tenían vergüenza o eran tímidos a la hora de responder las preguntas, pero la mayoría se me acercaba con entusiasmo y, entre risas, compartían conmigo un pedacito de sus vidas. Cada nene y cada nena me abrió su mundo y me contestó con sinceridad, un poquito sobre quiénes son.
Cuando llegué al último que me quedaba para entrevistar, no me imaginé lo que me iba a decir.

-Hola, ¿cómo te llamás?
-Jorge.
-¿Cuántos años tenés?
-Once.
-¿En qué grado estás?
-No voy a la escuela.

No va a la escuela.

-¿Por qué no vas?
-Y... porque tengo problemas con mi familia y nadie me lleva, pero yo quiero ir.
-¿Vos querés aprender a leer y a escribir?
-Sí.
-Bueno, nosotras te vamos a enseñar y vas a poder leer y escribir todos los libros que quieras.

Luego de conocer a Jorge ya no daba más, necesitaba llorar por un momento. Después de conocerlos y saber en qué condiciones estaban viviendo, ya no me sentí igual.
Respiré, le sonreí y le pregunté cuál era su juego favorito: "El fútbol", me contestó. "¡Qué genio!" Le dije. Y lo vi sonreír.
Hace unos segundos atrás casi nos ponemos a llorar los dos, pero en ese momento ya estábamos sonriendo. Así, con segundos de diferencia.
Miré mi cuaderno con un nudo en la garganta y me di cuenta de que habían muchos que no sabían escribir, y al igual que Jorge, algunos tampoco iban a la escuela.





Ya eran casi las cinco de la tarde y después de merendar, cada uno se preparó para volver a sus respectivas casas. Mientras se iban y dejaban la taza donde antes había arroz con leche, los vi temblar de frío. Uno de ellos tenía fiebre y estaba tirado en el sillón del comedor. Imágenes que para mí, fueron fuertes.

En ese instante ya no estaba viendo a una sociedad como masa —como cuando les escribo por acá y les digo qué es la sociedad—, tampoco estaba escuchando un teórico sobre cultura y sociedad en la Facultad de Sociales. Simplemente me encontraba en el sector más ignorado por todos nosotros. Yo estaba ahí con ellos: con los ninguneados, con los abandonados y con los peligrosos.
¿Cómo cruzarse de brazos y no hacer nada, después de saber que a esos nenes se les priva de sus derechos como el comer, ir a la escuela y saber leer y escribir? ¿Puedo culpar a la política, al Estado, a Dios? ¿A quién puedo culpar mientras me siento a ver la televisión y espero que se solucionen las cosas? Podría elegir la ignorancia y ser feliz, tapándome los ojos cada vez que se me presenta algo como esto, total estas cosas siempre ocurrieron y van a ocurrir, ¡Tantos niños en todo el mundo que viven en estas condiciones!

La gente que me conoce, incluso mi familia, me dijeron que estoy loca, que estoy al pedo y que eso es muy peligroso... que algo me va a pasar.
Si estoy loca por querer mejorar la realidad, puede ser; si estoy al pedo es algo discutible; si es peligroso... bueno, podría ser, pero lo único que me va a pasar al ir todos los sábados para estar con esos chicos, es sentir que al fin estoy haciendo lo que siempre quise: no conformarme frente a las injusticias de nuestra sociedad y hacer algo para cambiarlas.

El día de ayer, para mí, fue un día triste e indignante... pero esperanzador. Espero que este post les haya llegado a ustedes tanto como a mí aquella experiencia, porque ya no sé de qué otra manera explicar lo que viví al conocer a esos nenes.

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23 abr 2016

Comunicación: El silencio que nos invade

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Sentados en el sillón, observando la pantalla que refleja el nuevo programa de chimentos o el canal de noticias que relata brevemente lo que ocurrió durante el día para que estemos informados; todo eso sin mover los labios, pero asintiendo con la cabeza, comportándonos así en receptores pasivos de los que tantos especialistas se preocuparon en refutar dentro del ámbito de la comunicación.

No movemos los labios, no articulamos con la boca, no pronunciamos palabras. Nos gusta ver y escuchar cómo hablan por nosotros y cómo se dedican a pensar en nuestro lugar. Queremos vernos representados ahí o, por lo menos, ellos intentan que dejemos que nos representen, que hablen por nosotros.


Estamos callados cuando nos sentamos en la computadora y cuando agarramos el celular, cuando revisamos y actualizamos nuestras redes sociales. El único sonido que se registra es el teclear del teclado de ambos aparatos, el único movimiento a simple vista es el de los dedos de la mano que escriben en el teclado y el de los ojos deslizándose para la lectura. Así mandamos mensajes y whatsapps. Así publicamos estados en facebook y así tuiteamos en twitter: en silencio.

Una comunicación silenciosa. Una situación comunicativa distinta que nos hace sentir cómodos.
Cada día estamos más lejos de la antigua retórica y de la simple comunicación escrita de décadas anteriores. No me refiero al silencio de la lectura individual, ni al silencio que realizamos al escribir una carta. Es un silencio posmoderno que ocurre solo cuando las sociedades caen en el vicio de las nuevas tecnologías.



Individuos mudos, televisiones a todo volumen, representaciones y representantes que no se callan para mantenernos callados.
A veces sucede que una pequeña masa rompe el silencio y se manifiesta en la calle. Pero nadie los escucha porque los demás eligen taparse la boca. Solo cuando una sociedad suelte el teléfono, apague la computadora y el televisor, el silencio se va a escuchar como nunca; y así, nadie ni nada va a poder silenciar a los individuos que se dieron cuenta de que podían hablar por sí solos.
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15 abr 2016

Crónicas universitarias: ser estudiante de sociales

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La semana pasada, la profesora de Derecho a la Información, entró al aula y dijo: "saquen una hoja y escriban cómo se imaginan una sociedad sin Estado". Todos abrimos grandes los ojos e intercambiamos miradas de sorpresa. Nadie se lo esperaba, mucho menos alguno se sentó a imaginarse una sociedad sin Estado, ¿acaso alguien se pone a pensar sobre lo que no existe?

Al principio me quedé en blanco. Después pensé y se me ocurrieron dos tipos de sociedades: una con Estado, y la otra sin Estado. Me sentí insatisfecha cuando plasmé mis pensamientos sobre el papel, pensé que me iba a salir algo más que cuatro simples líneas. Lo entregué, si estaba mal no me iba a importar, total la consigna era "imaginar".
El martes, cuando ella volvió para darnos clase, dijo que había leído todas las respuestas y que quería hacer una devolución. "Quiero empezar con una persona... ¿quién es Aylén Fuente?" Dijo y miró al vacío, esperando una señal. En ese momento, insegura de mí misma, insegura de lo que me iba a decir y de lo que yo misma había escrito, levanto la mano y digo, aceptando el peor de mis pensamientos: "yo..."
La profesora me miró y sonrió, a mí me temblaban las manos como tonta. "Aylén, qué bien que escribís. Se sintió que lo hiciste sin miedo, de una manera directa y sin importar cuál es mi ideología" —ponele que me dijo algo parecido, porque estaba tan bloqueada que a penas recuerdo sus palabras—. Desde ese momento, me sentí menos tonta al escribir sobre nosotros... sobre la sociedad.

Y sí, a veces me siento de esa forma haciéndolo, a excepción de cuando me pongo a filosofar: en la parada del bondi, mientras viajo y escucho música, mientras viajo en el tren y leo los apuntes, cuando camino por la calle, cuando estoy en la facultad... cuando nos observo como sociedad.
¿Qué somos? ¿Qué nos pasa? ¿Por qué somos así? ¿Por qué tan iguales y tan distintos?
Pensar como nosotros en conjunto, no me da tanto miedo después de todo.


Y hay días en los que la paso mal viajando en hora pico en el bondi o en el tren para ir a la facultad, toda apretada al lado de uno que se está bajando una botella de cerveza y no deja de mirarme. Y hay días en los que entablo una conversación divertida con un viejito porteño en la parada del 60 y me hace creer que hablar con extraños no es tan malo después de todo; o hay días en los que le dejo mi paquete de galletitas a un señor que duerme en la calle, o hay días en los que un nene me sonríe y se esconde en las piernas de su abuelo. Hay días en los que leyendo los apuntes de antropología, sobre las igualdades y las diferencias entre seres humanos, mientras viajo en el 100, se sube un señor con nariz de payaso, nos hace reír a todos y nos regala un chupetín a cada uno. Sí... hay días en los que la paso mal y hay días en los que disfruto comunicarme con desconocidos.

La profesora tenía razón al decir que no tuve miedo al escribir. Es verdad, no tengo miedo de escribir,  tampoco de filosofar, de preguntarme ni de responderme, de observarnos como sociedad, de tratar de entendernos y de intentar encontrar la clave para que día a día seamos un poquito mejor. Quisiera viajar al pasado y decirle a la Aylu chiquita: "estoy tan orgullosa de vos... hacé eso que querés hacer, hacelo. Escribí. Escribí todos los cuentos, todos esos pensamientos, todas esas novelas y esos relatos y no tengas miedo de leerlos en voz alta en clase. Y seguí pensando así, yo sé que la gente, la sociedad en sí, te asusta; pero es lo que vos mañana vas a elegir para mejorar. No importa si ahora tenés miedo, porque te aseguro, que mañana ya no lo vas a tener".

Por algo hoy soy estudiante de sociales, por algo escribo todo esto... no sé; ni siquiera sé por qué estoy haciéndolo, fue algo que me nació de repente.
Hoy cuando les cuento a la gente que conozco, que voy a empezar a dar clases de apoyo a unos nenes de primaria  que asisten a un comedor comunitario y viven en las villas, me preguntan: "¿Eso no es peligroso? ¿No tenés miedo?"
Miedo me da no hacer nada, miedo me da que algún día en mi vida, la sociedad me deje de importar. Que nuestro bienestar, como comunidad, me deje de interesar. Y sí, a veces me siento desprotegida en el espacio público, a veces me siento insegura viajando entre tantos desconocidos... y aún peor es acordarme de las recomendaciones de mi familia: "Aylén cuidá tu celular, llevá la mochila adelante, no vayas por tal lugar, no camines sola por Constitución..." que me hacen sentir confundida al querer cuidarme de la sociedad y a la vez querer analizarla y cambiarla. 

Me tocó ser mujer, idealista y estudiante de sociales. Me tocó tenernos miedo (ya no), me tocó admirarnos y odiarnos, también desilusionarme de nosotros mismos. Me tocó querer mejorarnos.

¿Qué sería de mí si fuera alguien a la que no le importara nada? ¿Estaría escribiendo? ¿Estaría desobedeciendo a mamá cuando me dijo que no me meta en el proyecto de Barrio Adentro y que no estudiara esta carrera? ¿Tendría un blog? ¿Me habría imaginado a una sociedad sin Estado? ¿Qué me hubiera dicho la profesora de Derecho, si yo no hubiese escrito eso? ¿Sería estudiante de sociales?

A veces me pongo a pensar y llego a la conclusión de que ser estudiante de sociales no es leer cinco kilos de textos por día, que hablan sobre la sociedad, sobre la cultura y la política. Ser estudiante de sociales es muchísimo más que eso. Es el querer ver la realidad, el querer conocernos más, el querer cambiarnos. Porque nos interesa, porque lo elegimos y porque a pesar de ser tildados como los que estudiamos "lo más fácil", estamos acá enfrentando la más triste realidad que es el estudiar a la sociedad. Porque les aseguro que no hay nada más complejo que nosotros mismos en conjunto, tan inestables y desordenados, tan iguales, tan diversos y cambiantes.

Cuéntenme, ¿qué se siente ser estudiante de artes, de medicina, de económicas, de ciencias exactas, etc? Yo ya les conté que se siente ser estudiante de sociales.


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1 abr 2016

Reflexiones filosóficas: Una sociedad feliz

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De todas las cosas que llegué a preguntarme a lo largo de mis diecinueve años, este tema fue uno de los que más retumbó en mi mente.
Después de reflexionar un poco sobre que estamos perdidos, qué es lo que somos, por qué estamos acá y cuáles son los efectos de que vivamos en el mundo; llegué a preguntarme sobre nuestra felicidad y nuestro estado de ánimo como sociedad.

Desde hace unos cuántos meses me la paso escribiendo ensayos sobre la problemática de las sociedades actuales en la era de la comunicación y el consumismo en exceso —que actualmente estamos atravesando—. Sí ya sé, estoy media loca. Aún así creo que mis investigaciones son bastantes refutables y me va a costar publicarlas algún día, pero disfruté mucho escribiéndolas... tal vez en algún momento las comparta por acá. 
El punto es, que uno de esos ensayos me llevó a escribir esto para ustedes. La hora de ponerse filosóficos acaba de empezar.


No sé ustedes, pero yo no veo que seamos una sociedad feliz. Somos consumidos y desgastados por los mismísimos factores de los cuales dependemos. El famosísimo hecho social que se nos inserta previamente a nuestro nacimiento, como es el de nacer, crecer, ir al colegio, ir a la universidad, trabajar, tener familia y morir (o en el orden que quieran o con variantes distintas), nos demuestra que la fórmula de vida del ser humano es casi la misma. Tenemos una vida tan corta y a la vez llena de obligaciones y cosas por hacer que individualmente nos sentimos obligados en cumplir y seguir el camino de manera correcta. Puede que este hecho social no sea nuestro verdadero problema; de hecho, creo que no lo es. Hay cosas peores.




El otro día leí una nota sobre una entrevista que le hicieron a Bauman, un sociólogo que me tocó estudiar el año pasado en sociología y del cual me gustó su manera de ver a las sociedades actuales. Este pensador pesimista (aunque yo lo describiría como un pensador realmente realista), creó el concepto de "modernidad líquida" en la cual vivimos actualmente:

"Todo fluye rápido en nuestras vidas, todo es temporal y pasajero. Incluso los trabajos". Y explicó que: "si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a cierta seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace cuarenta años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche... ya lo pagarás después". A la vez, dice: "(...) mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde lo único que ven son sus reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa".
Fuente de la entrevista.



Cuando leí a Bauman, entendí que lo que estaba pensando iba por el camino correcto. Somos una sociedad que cree ser feliz y cree estar bien. Vivimos girando siempre en la misma órbita y desconocemos lo que está más allá de nuestro trabajo, de nuestros estudios y de lo que está más allá de la televisión y las redes sociales. Vivimos excediendo límites y caemos en los vicios sociales como el trabajo extra, el ocio extra, el entretenimiento de más... más y más comodidades y más trabajo para vivir mejor; cuando a lo largo del tiempo, todo esto produce el efecto contrario.
Nadie está mejor trabajando mucho y he aquí uno de los factores que producen la infelicidad en las sociedades. Trabajar, pero por obligación y para abastecer nuestra economía "hay que desvincular el trabajo con la supervivencia", dijo Bauman.


¿Qué pasaría si todo ser humano en el mundo se dedicara a sus pasiones? Trabajos apasionados, les diría yo. Incluso una persona que no elige estudiar, posee algo que le gusta hacer. Eso se debe convertir en un trabajo productivo para colaborar con la comunidad. Hay demasiados puestos de trabajos inútiles y con empleados que podrían estar haciendo algo mejor para contribuir positiva y constructivamente con el mundo. Pero sí, ya sé, es un pensamiento idealista.

Otro factor causante de nuestra infelicidad, creo yo, es el dinero. Más bien podría ser el factor principal y el que más nos afecta universalmente. El mundo se mueve en pos de la economía, nosotros funcionamos y vivimos dependiendo de ella. 
Lo admito, es inevitable en nuestra naturaleza, el ser humano es ambicioso, egoísta y tiende a intercambiar... así progresó el mundo. Pero el problema es que la economía pasó a ser prioridad por sobre todas las cosas y pasamos a ser esclavos (inconscientemente) del dinero y del valor. Le damos demasiada importancia a los números y a querer tener más cosas. Tal es el exceso que nos volvimos materialistas y consumistas compulsivos, nos encariñamos y queremos más las cosas que conseguimos con el dinero incluso más que nuestras propias vidas. Queremos lo que no necesitamos y compramos de más... total somos libres.
Todo gira alrededor de la economía, es como el Sol del Sistema Solar.



Esta prioridad que le damos a la economía, nos afecta negativamente como masa. Eso provoca y manifiesta los trabajos de hoy y todo el sistema laboral existente. El círculo sigue y termina afectándonos en la vida privada: preocupaciones, estrés, cansancio, endeudamientos y más ambición: llegamos a casa y solo hay tiempo para comer y dormir... en simples palabras: descansar.

El descanso cotidiano en la era de la comunicación, es el sentarse a ver la televisión o revisar las redes sociales. Vemos a "la realidad" en el canal de noticias, cuando realmente estamos viendo solo una pequeña parte de ella. También nos informamos instantáneamente y a la vez construimos nuestra opinión desde otras opiniones. Agarramos el celular y contestamos mensajes, intentamos no "clavar el visto" o que no nos lo claven, mantenemos nuestro facebook y nuestro twitter actualizados e interactuamos virtualmente con nuestros amigos, conocidos o desconocidos. Todo esto sin movernos de donde estamos sentados y sin tener que usar mucho nuestra mente, ¿la tecnología nos controla o nosotros controlamos a la tecnología?
Estamos encerrados en una esfera en el que creemos que es nuestra protección.


La economía y en especial la tecnología de hoy nos llevan a desgastes y comodidades excesivas que nos privan de ver el mundo fuera de nuestro mundo privado. Consumimos cosas innesesarias y deseamos lo que no necesitamos. La imagen es más importante que las palabras, demandamos televisión basura y todo esto afecta negativamente a la evolución de nuestra cultura, nuestra educación y el enriquecimiento de valores. Desconocemos nuestro mundo, nuestra naturaleza y todo lo que nos rodea. Dejamos la canilla abierta de más porque nunca padecimos sed, nunca vivimos ni entendimos del todo sobre qué pasaría si algún día nos quedáramos sin ella. Actuamos con inconsciencia e irresponsabilidad porque tenemos demasiado y vivimos en nuestros cómodos y reconfortantes hogares, donde las consecuencias no se ven a simple vista. Vivimos encerrados y con miedo, lo desconocido y lo osado o aventurero no es bien visto para la opinión popular y de repente somos una sociedad que lo único que le importa es llenar el bolsillo, no importa de qué manera. Vivimos para ganar dinero y necesitamos el dinero para poder vivir. Nuestro único objetivo a lo largo de nuestra vida es ese. Muchas veces se sobrepone por lo que verdaderamente nos hace feliz. Ya no hay tiempo para leer, ya no hay tiempo para estar entre la naturaleza, para enriquecernos culturalmente, para aprender cosas nuevas y constructivas. Hay poco tiempo para dormir, ver la televisión y pasar el día en la computadora. Los días son cortos y pasan más rápido.

Nuestra mente crea una barrera. Rechazamos lo desconocido y lo que podría hacernos crecer como sociedad, aunque la mayoría de las veces ignoramos todo aquello. No nos interesa... es una pérdida de tiempo.
Seguimos viendo distinciones entre seres humanos y creamos fronteras y diferencias de todo tipo. Rechazamos lo que no parece "normal". Reprimimos nuestra propia felicidad, nos encerramos en nuestro propio círculo vicioso y eso nos gusta.
La diversidad nos da miedo, nos gusta vernos iguales... similares.
La "liquidez" (como diría Bauman), de esta sociedad no deja tiempo para criar bien a nuestros hijos y permitimos que la tecnología realice gran parte del trabajo.
Estamos encerrados en una esfera llena de vicios y excesos, nunca encontramos el punto medio. Somos autodestructivos. Pero, ¿cómo sería una sociedad feliz? ¿Es posible eso? 

A veces me pregunto esto y se me cruzan decenas de respuestas y posibles soluciones.

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27 mar 2016

Crónicas Universitarias: Segundo primer día

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Después del gran éxito de "Mi primer día en la universidad" en la que les relaté mi experiencia en el primer día de cursada en el CBC, hoy les traigo una segundo entrega titulada: "Segundo primer día en la universidad". Y no, no es como el UPD (último primer día) que festejan los chicos de secundaria y tampoco les voy a traer un post así todos los años, solo que esta vez creí necesario hacerlo porque empecé a estudiar en la facultad de ciencias sociales y soy nuevamente "ingresante" —no me alcanzó con serlo solo el año pasado—. Además, en esta entrada, les está escribiendo una universitaria mucho más experimentada que aquel primer post que leyeron de la sección.


Déjenme decirles que ahora leo el primer post de Crónicas Universitarias y pienso: "what? ¿Esta era yo?" A penas estaba rompiendo el cascarón del huevo y era toda una novata. Una simple e inocente novata.
Cursé el CBC en Avellaneda y esta chica del conurbano que les está escribiendo, sintió que viajar al microcentro porteño para cursar el resto de la carrera, era un desafío nuevo. Vamos, todos saben y conocen del quilombo que les estoy hablando. No solo se trata del sacrificio de viajar de casa a la facultad, sino de los conflictos del tráfico que hay todos los días. Y peor aún, cuando viene Obama, el presidente de Estados Unidos, y vos sí o sí tenés que ir a cursar, y no andan los subtes y los colectivos tienen que meterse por otras calles que no conocés para avanzar.

El día que fui a inscribirme con una compañera, un chico del centro de estudiantes nos dio una mano y de paso, nos comentó cómo era ser estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA, cuáles materias eran las recomendables para empezar y nos acompañó a recorrer el edificio, que por cierto, todavía me cuesta orientarme ahí dentro. La facultad es bastante amplia y repleta de aulas y pisos; que planta baja, que primer piso, que segundo, que escaleras, que ascensor que anda mal y los bomberos tienen que venir a rescatarte, que bufet, que auditorio, que departamento de alumnos, que biblioteca, que patio...


El primer día llegué una hora antes y me encontré con una facultad vacía. Era a la mañana temprano y al parecer, no todos son tan ansiosos como yo. En mi mano estaba el papel con mis horarios y las aulas asignadas; entré y de repente ya no me acordaba ni sabía para dónde tenía que ir. Me acerqué al mapa y terminé doblemente confundida... ni siquiera logré encontrar los baños. Así que volví a salir del edificio y me senté en las escaleras de la entrada.
Me sentí perdida, desorientada y algo tonta; pensé que ocurrió así porque era el primer día y estaba algo nerviosa. También pensé que esto solo me iba a pasar en el CBC pero no, me sentí ingresante otra vez. Ahora que lo pienso, creo que voy a escribir un manual de "cómo ser ingresante otra vez".

Cuando llegó mi compañera Giuliana, quien cursó conmigo el año pasado —y pensar que la conocí en Sociología, una mañana de mayo en que la profesora de prácticos nos pidió que hiciéramos grupo. Yo estaba charlando con una compañera y nos faltaba alguien más, así que no lo dudé ni un segundo y sin saber quién teníamos al lado, le pregunté: ¿querés hacer grupo con nosotras? Y así es como la vida te hace conocer a una persona y después, cuando ni te das cuenta, sigue el camino al lado tuyo—, ambas decidimos deambular por la facultad hasta lograr encontrar nuestra aula. Obviamente terminamos preguntando.

El primer día me sentí rara, perdida y nerviosa... empezar algo no es muy de mi agrado; pero veámosle el lado bueno, esta vez no me choqué con ningún cartel al bajar del bondi como el año pasado, ¿se acuerdan?

Y ahí estaba yo, sentada en un aula, con un cuaderno y una lapicera en mano, esperando por aprender... esperando por continuar mi camino como estudiante y futura profesional. En ese mismo instante estaba cumpliendo lo que siempre quise, cuando dije que "cuando sea grande voy a ir a la universidad".

Hoy voy a la facultad y descubrí que la universidad no es un mundo, sino que es un universo en el que predominan los planetas denominados "facultades". Yo, por ejemplo, vivo en el Planeta Sociales.

La vida en sociales —abreviado fsoc—, por la mañana es escasa. Yo me inscribí a los prácticos en el turno mañana, pero por problemas de escasa oferta académica, tengo los teóricos a la noche. En un principio me resultó rara y algo incómoda la idea de cursar a la noche. Y ni hablar de mis conocidos y familiares que me insistieron que era la peor idea.
Hasta que cursé el primer día a la noche, mi impresión cambió por completo. Cursar a la noche en Sociales es genial. A partir de las siete de la tarde es cuando hay más vida en este planeta y la buena onda se siente por todos lados. Incluso, en el patio, hacen festivales o se juntan a comer algo y a tomar birra. Apa, mirá vos.

Todos van caminando por los pasillos de una manera despreocupada, van por ahí como si estuviesen en casa y transmiten algo que me hizo sentir bien. Yo el primer día estaba algo asustada hasta que sentí las buenas vibras de sociales. Y ahí es cuando me di cuenta de que estaba en mi segunda casa. En un lugar maravilloso en el que no solo se estudia y se crece, sino que se construye pensamiento crítico, conocimiento y futuro. Y qué lindo fue escuchar al profesor de Comu I decirnos: "Siéntanse orgullosos, ustedes son intelectuales. Utilicen las herramientas que poseen, para hacer un bien".

Dejando de lado todo lo bonito, mi primer día no fue todo color de rosas, también fue algo bajón.
Según algunos profesores, estudiar esta carrera es tener que enfrentarse a la peor era de la comunicación de la historia en la que estamos viviendo: periodistas berretas, programas basuras de televisión y medios masivos manipuladores. Después, el profesor de teórico de Derecho nos dio con un caño y el de Comu I nos avisó de ante mano que nuestra realidad es bastante triste. Lo único que rescato, es que nos pidió ser optimistas y ayudar a que esta era de la comunicación en la que estamos atravesando, cambie para bien. Aunque parece algo imposible, claro.
De igual forma, la vida de un estudiante de sociales no es muy colorida ni muy feliz. Después de todo, estudiamos a la sociedad, ¿qué más se puede esperar?

Me pregunto qué diría de mí, la pequeña Aylu de 10 años... o la Aylén de 16 años, que fue la que decidió qué era lo que quería para mi vida. También me pregunto qué diría mi futura yo, cuando vuelva a leer este post, en un par de años.

No sé qué es lo que va a pasar de acá a fin del cuatrimestre o de acá a fin de año, solo sé que es el principio de muchas cosas grandiosas.

Cualquiera que esté por comenzar a vivir esta hermosa etapa de la universidad, haya comenzado o todavía le quede tiempo, puede charlar por privado conmigo si es que lo desea. Si tenés dudas, algunos miedos o querés saber más sobre el mundo universitario, estoy en twitter y en facebook, ¡no dudes en mandarme un mensaje!

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19 mar 2016

Crónicas universitarias: Preguntas y respuestas (I)

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Hace tiempo, en crónicas universitarias, les había dedicado un post a todos los que leen la sección y lo finalicé pidiéndoles que me hagan preguntas con respecto a la universidad, así nos volvíamos más interactivos. Estas preguntas puede que les sirvan de algo y si así no lo hicieran, los invito a que me interroguen en este post así para la próxima hago otro "Preguntas y respuestas" y armamos una serie.

Lamentablemente yo no tengo letra linda como todas las chicas, por eso prefiero escribir en cursiva, pero es inentendible.

¿Cómo haces para que te entren ganas de estudiar o que no te aburras en el proceso?

Muy pocas veces tengo ganas de estudiar, la mayoría de las veces que me senté a estudiar lo hice por responsabilidad y no porque quisiera o tenga ganas. Sin embargo, me propuse ver al estudio como algo positivo y no como una tortura. Siempre intento sacarle lo mejor a todo y la verdad, si no miro con ojos claros el momento de sentarme a estudiar, le voy a escapar a toda costa y eso perjudica a mi meta: ser una profesional. Por eso pienso en mi elección: yo elegí estudiar. Luego pienso en mi responsabilidad: elegí ser profesional y tengo que estudiar para serlo; después de todo, lo que estudio se supone que tiene que ver con lo que me gusta (algunas cosas no del todo), a menos que sea una clase de química o matemática de lo cual soy malísima (por suerte no tengo materias como esas) y ahí sí sería una tortura sentarme a estudiar.
Durante el proceso, es imposible no aburrirse. De hecho, casi siempre, con tan solo leer el título, ya estoy bostezando y se me caen las lágrimas del sueño (?). Por eso, cuando me aburro, busco algo para despejarme por un momento y luego cuando vuelvo a sentarme a leer los apuntes, ya no es lo mismo.
La verdad es que me cuesta mucho hacerlo, pero lo intento todos los días para formar un hábito de unas poquitas horas por día. Así me acostumbro, aprendo algo nuevo cada veinticuatro horas y no me atraso con las materias jamás.


¿Te resulta difícil no distraerte con boludeces como la computadora, televisión, celular, etc.?

La distracción es inevitable. Yo creo que todos nos distraemos e incluso cuando estamos por comenzar a leer el libro, buscamos inconscientemente cualquier excusa o cosa para distraernos. Todo es más interesante que leer eso que debemos. Nos pasó y nos pasa a todos. El celular, la compu y la tv son nuestras mayores tentaciones y yo creo que a la hora de evitarlos hay que tomarse las cosas en serio y alejarnos lo más que podamos de ellos durante la hora de estudio. Por ejemplo, yo cuando estudio me siento en una mesa alejada de la televisión y dejo mi celular en mi pieza —apagado o en silencio—. La computadora es algo inevitable de dejar porque siempre la utilizo para buscar información sobre lo que leo o me genere curiosidad, pero siempre caigo en la tentación de revisar twitter y facebook cada cinco minutos. Yo creo que todo eso depende de nuestro autocontrol y de tomarnos en serio lo que estamos haciendo.
Si estudiamos bien y sin distracciones absurdas durante el tiempo que nos propusimos, después vamos a poder descansar y distraernos todo lo que queramos. Yo prefiero pensarlo así: primero obligaciones y luego el ocio, para disfrutarlo mas. Eso sí, siempre me permito una pausa-descanso para despejarme mientras estudio. En ese momento miro un rato la tele o reviso el celu. De esta manera manejo mejor mis tiempos y mi concentración mejora, porque mi cabeza se despeja de vez en cuando.
La clave es despejar la mente de vez en cuando para no saturarse, tomarse las cosas con responsabilidad y pensar que el estudio es algo positivo y constructivo, no una tortura.


¿Tenés algún horario de estudio que implementes día a día?

Soy enemiga de las rutinas, no puedo tener horarios fijos y repetitivos, no puedo tener agendas estrictas que me obliguen a hacer tal cosa en tal día y en tal horario, todos los días. Todo eso, siento que me destruye de alguna forma. Prefiero la espontaneidad y la auto-organización. Por jemplo, cuando llego de la facu tomo algo y descanso o duermo para recuperar energía (esto era cuando volvía a la mañana porque cursaba muy temprano, imagínense que me levantaba a las cuatro, entraba a las siete y salía a las nueve). Luego hago alguna que otra cosa en casa o salgo. Cuando ya me siento con energías, me pongo a estudiar. También es depende de cómo se den las cosas o cómo me siento emocionalmente (?). Hubo días que llegaba de la facu con muchas pilas y me ponía a estudiar y no me importaba la hora, aunque eso sí, no recomiendo estudiar a la noche y no dormir. Es lo peor que pueden hacer. Un estudiante exitoso duerme y come bien, se mantiene activo y estudia un poquito todos los días. Eviten las rutinas, se van a sentir mejor. Aunque hay personas que las prefieren o estudian toda la noche porque se concentran mejor. Yo, por lo menos, intento evitar esas opciones y estudiar se me hace mejor desde que dejé de hacer eso.
La clave está en estudiar un poquito todos los días, pero en el momento que quieras.


¿Qué materia es la que más te gusta hasta ahora?

Creo que algunos ya lo saben y de hecho se notó bastante durante el año pasado. En el Ciclo Básico Común cursé 6 materias y estudié un poco de todo: Pensamiento Científico, Sociología, Semiología, Economía, Sociedad y Estado, y Piscología. La materia que más me gustó en cuanto a contenidos, profesores y cursada fue Sociología, una materia odiada por muchos, incluso por los estudiantes de ciencias económicas. Sociología es pesada, puramente teórica en la que lees como nunca: autores como Carlitos Marx, Weber, Durkheim, Foucault, Hegel, entre otros. Estudias al capitalismo, datos históricos y distintos conceptos sociológicos como esfera pública y privada, la "mcdonalización", el eurocentrismo, el imperialismo, la cultura de masas, los campos culturales en la sociedad, los medios masivos de comunicación, los usos de la inseguridad, entre otros. Casi todas las cátedras de sociología, por lo menos en la universidad a la que voy, la mayoría son marxistas. Así que salís medio por la puerta izquierda.
Todos los contenidos se ven como forma y transformación o manipulación de la sociedad. En sociología, estudié ciertos aspectos, procesos, sucesos y conceptos que modificaron o impactaron a la sociedad a lo largo de todo este tiempo. Es decir, con esa materia estudias a la sociedad científicamente y yo amé todo eso.
Este año me anoté a materias que seguramente amaré mucho más, así que en un par de meses les cuento qué tal.


En fin, ahora los dejo para que ustedes contesten las mismas preguntas, y de paso que me interroguen nuevamente para el próximo "Preguntas y respuestas" de Crónicas Universitarias.
Saludos.
¡Maratón de Crónicas Universitarias! ¡Estén atentos que el próximo post se viene con algo que les va a gustar!
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16 mar 2016

Crónicas universitarias: Crisis universitaria

16 comentarios:
Después de estar media desaparecida, acá estoy. Terminé el CBC y acá estoy. De repente me dieron ganas de no actualizar más el blog... pero acá estoy.
Acá estoy después de haber pasado por una "crisis universitaria" o una "crisis vocacional", como quieran llamarla. Quise escribir para esta sección mucho antes, pero estaba con la cabeza en otro lado y ya es un poco tarde subir lo que tenía pensado, ya que la mayoría empezó a cursar y no tendría sentido compartirles a esta altura lo que tenía planeado.

Pero bueno, acá estoy. Estuve rindiendo la última materia del Ciclo Básico Común de mi carrera por el curso de verano a distancia y sufrí un poquito (mucho). No fue muy divertido estudiar con el calor que hizo en febrero, tampoco fue divertido enfrentarme a una materia (por segunda vez) que me hace sentir insegura, y no solo de mí misma, sino de la carrera que elegí. Y es por eso que todo este tiempo estuve sobre el borde de un abismo. La pasé mal. De repente sentí que esta carrera no era para mi ni tampoco la indicada y estuve a punto de cambiarla; pero acá estoy, sigo siendo estudiante de Ciencias de la Comunicación y el 21 de marzo comienzo oficialmente la cursada del segundo año... o del primer año, sin contar el CBC. 
Después de todo, en la facultad de sociales se me acercan con una sonrisa y me preguntan con cariño: ¿Sos ingresante, no?
La Universidad de Buenos Aires hace que seas ingresante dos veces en tu carrera: primero cuando hacés el CBC y después cuando comenzás a cursar las materias comunes de tu carrera. Así que soy ingresante... otra vez.

La vida universitaria está llena de subidas y bajadas, también de piedras en el camino, problemas que resolver y miedos que enfrentar. Empezar y cursar es lo más hermoso y divertido (es la parte favorita de todos, porque es lo más fácil) pero estudiar, aprobar, sobrevivir y sobre todo RESISTIR, es otra cosa. En el camino te chocás con profesores (como me pasó a mí) que te hacen dudar de que la carrera es para vos. Jamás pero jamás dejen que un profesor los haga sentir mal. También en el camino te chocás con materias complejas y no tan "disfrutables"; o te chocás con un montón de papeles y trámites que te querés matar (por lo menos la UBA es así de burocrática), y lo peor... la oferta académica. Hace unos días viví en carne propia, el sufrimiento de todo estudiante: la tortura de la inscripción a las materias vía el Siu. Al ver la oferta, casi me muero.

Eso que ven ahí es mi intento de organizar los horarios para que me queden todos "seguidos".

Me tocó vivir lejos de la facultad y esa es una piedra más para la vida universitaria que muchos enfrentan, porque la oferta no ayuda mucho cuando hay clases teóricas solo a la noche, por ejemplo. De todas formas me las puedo arreglar, pero son nuevos desafíos que debo enfrentar y dependen de grandes sacrificios de mi parte.
Estoy por comenzar nuevamente otra etapa y me resulta difícil procesarlo todo... tal vez por eso estoy sufriendo una crisis universitaria: soy joven y tengo que tomar decisiones importantes para mi vida y tengo miedo de equivocarme... pero no tengo miedo de intentar y por eso llegué hasta acá. Acá estoy, en el mismísimo momento que siempre soñé vivir. Hace un par de años atrás moría por estar en la universidad y ser estudiante de la UBA... y acá estoy.

Creo que todos en algún momento somos inseguros de lo que elegimos y dudamos de ello y de nosotros mismos. La crisis universitaria es real y me pegó fuerte, pero acá estoy, lista para volver a empezar y lista para seguir formándome como profesional; aunque las inseguridades sigan existiendo.
El año estudiantil recién comienza y presiento que se vienen múltiples experiencias, nuevas anécdotas e historias para contar, nuevas personas para conocer y nuevos profesores a los que admirar/detestar. Por eso quiero pedirles que me sigan acompañando con esta sección, que las crónicas recién empiezan.

Estoy pensando realizar una maratón de crónicas universitarias, tal vez suba varios post de la misma sección durante estas semanas y el mes de abril, en donde voy a exponer varios temas y experiencias nuevas; también voy a compartir el post que les debo sobre las preguntas y respuestas. Estén atentos al blog en estos días y de paso cuenten qué tal fue su primer día en la universidad. Ustedes ya saben cómo fue el mío :)

Quiero agradecerle a Nati Beroiz (estudiante de Comunicación y de Edición) del blog Khaleesi Geek por haber sido mi tutora (sin querer) desde mucho antes de empezar la universidad. Ella fue un gran soporte y apoyo a lo largo de todo este proceso que fui llevando desde el año pasado. No solo respondió todas mis dudas (hasta las más ridículas jaja) sino que compartió conmigo muchas experiencias y opiniones que me enriquecieron. También hizo que mantuviera la calma y no entrara en pánico en mis peores momentos del CBC. Gracias Natu, sos una genia.
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19 feb 2016

Reflexiones filosóficas: Los efectos del ser humano en el mundo

16 comentarios:
Somos seres humanos. Buscamos la razón pero somos irracionales, queremos vivir bien pero le hacemos daño al otro, no queremos más inundaciones pero seguimos cortando árboles; no queremos más guerras y muertes, pero queremos poder y dinero. No queremos más hambre y pobreza pero solo pensamos en nosotros mismos —o por lo menos, gran parte de la sociedad lo hace—. Así somos.

El mes pasado escribí sobre el mar cuando me fui un par de semanas de vacaciones a la costa y les comenté la gran contaminación que produce la gente que va a vacacionar allí. Y hace unas semanas, el país entero y hasta el mundo, se indignó con la foto de un delfín en manos de turistas, en la costa atlántica de Buenos Aires. Este animal, según lo contado y lo ocurrido, murió cuando lo sacaron del agua para fotografiarlo. La reacción de los que vieron las fotos fue negativa, por supuesto, ¿quién se pondría feliz al verlas y saber que después de eso el delfín murió? La gente insultó, se molestó y hasta incluso se indignó. Todos culparon a aquellos presentes y los calificaron como "gente estúpida". Sí, por supuesto, es gente estúpida. Pero es gente estúpida porque la sociedad está estúpida.


Las sociedades actuales vivimos en plena era de la comunicación y somos consumidos, poco a poco, por el capitalismo en exceso que se va expandiendo a medida que pasa el tiempo. Los días son más cortos y el año pasa más rápido porque vivimos demasiados ocupados con las nuevas tecnologías, en el entretenimiento, en el trabajo y en nuestras obligaciones. No hay tiempo para más nada que eso.
Esta era de la comunicación y el consumismo, generó humanos mal informados, humanos inconscientes y ajenos a ciertas realidades. Desconocemos la naturaleza y convertimos a todo lo nuevo en novedoso, atractivo y comerciable. Si estamos en un lugar nuevo queremos presumirlo, si nos compramos algo nuevo también. Nos alimentamos con felicidad artificial y material, y ampliamos nuestro ego con posesiones. 

Somos inconscientes e irresponsables, no conocemos nuestro mundo y cada vez nos desconocemos más a nosotros mismos. La gente que agarró al delfín fue inconsciente, no tenía idea de lo que hacía —o por lo menos, de las consecuencias—. Sus mentes estaban demasiado ocupadas en el ocio, en la diversión, en las "vacaciones", en aumentar sus egos, en sacarle una foto para subirla al facebook y que todos sus amigos lo vean.

Cuando una sociedad se concentra demasiado en tener y no en conocer o saber, ocurre esto. Esa gente no sabía porque sus mentes estaban nubladas, porque no fueron educados correctamente, porque DESCONOCÍAN la propia naturaleza que nos rodea.
Así pasa como cuando dejamos la tele prendida y no la miramos, o cuando usamos el aire acondicionado y no lo necesitamos. Somos inconscientes, estamos perdidos en la tecnología, en los excesos, en los placeres de las comodidades del capitalismo, en nuestras obligaciones... en nosotros mismos. Y a veces, no nos damos cuenta, de que estamos así por culpa nuestra; de que el mundo es así por nosotros, de que las guerras, el hambre y la pobreza existe porque nosotros las ocasionamos. Todo es culpa nuestra. Nosotros hacemos todas estas cosas en el mundo pero porque lo desconocemos, porque somos inconscientes. Solo hacemos mal las cosas.

"Solo hasta que se haya talado el último árbol, contaminado el último mar y muerto el último pez, el humano entenderá que no se puede comer dinero". 
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14 feb 2016

Películas: El Renacido

14 comentarios:
Obvio que acá no hay spoilers.

Inspirada en hechos reales, dirigida por Iñárritu —quien el año pasado se llevó el Oscar como mejor director gracias a Birdman— y protagonizada por Di Caprio, esta película está en boca de los mejores críticos de cine y espera romperla en la próxima entrega de los premios más famosos de la industria cinematográfica.

El Renacido es una adaptación de la novela The Revenant escrita por Michael Punke y cuenta lo que le sucedió al verdadero Hugh Glass, un hombre estadounidense del siglo XIX, trampero y explorador que fue brutalmente atacado por un oso y logró sobrevivir... solo, por supuesto.


El Renacido no es una película para disfrutar, es una historia para sufrir y sentir. Se te tensan hasta las pestañas por tan fuerte impacto emocional que provoca la trama y la impecable actuación de Di Caprio. Podés agarrarte la cabeza, hacer muecas de dolor, quedar boquiabierto y hasta taparte los ojos mientras la ves. No es una película para cualquiera, pero es excelente.

Con una escenografía natural, de tonos azules, blancos y verdes; con una historia real y fuerte, en la que se dividen sociedades y culturas distintas; con guiones que tienen mucho que envidiar, con tomas realistas y sobresalientes —me gusta demasiado como Iñárritu utiliza las cámaras—, con interpretaciones impecables y efectos —maquillajes— excelentes; El Renacido se prepara para triunfar en los premios de este año. 
Estoy segura —y acuérdense de lo que les digo— que Di Caprio este año lo va a lograr. Sí, Leo, este año te lo llevás, confiamos en vos. Además miralo al pobre... agonizó dos horas y media en la pantalla, ¿cómo no se lo va a merecer?


La película nos presenta, ante todo, una realidad que viene ocurriendo desde hace muchísimos años atrás: enfrentamientos y usurpaciones a las comunidades indígenas. Guerras entre flechas y armas de fuego; por tierras, riquezas y poder. También se nos presenta el lado más oscuro de la naturaleza y el lado más crudo del ser humano. 

Hugh Glass, nuestro protagonista, al encontrar a dos osos bebés en el bosque, intentó cazarlos hasta que su madre lo descubrió y lo atacó hasta casi matarlo. Él intentó dispararle y eso empeoró todo.
Recuerdo, cuando salí del cine, decirle a mi hermana que él tuvo la culpa principalmente porque se acercó y quiso matar a los hijtos de la osa. Mi hermana me contestó que hubo culpabilidad de ambos lados, ya que lo natural del ser humano es querer cazar lo que ve y lo natural de una madre es defender a sus hijos: los dos actuaron de manera violenta y por más que él no haya querido matarlos, la osa lo iba a atacar de todas formas porque lo vio cerca.



Cuando sus compañeros lo encontraron en un estado inhumano y notaron que ya no tenía esperanzas, intentaron hacer lo posible para salvarlo, pero los que se quedaron con él para cuidarlo, lo terminaron abandonando. Y en el mismísimo borde de la muerte, Glass luchó por su vida. Pasó días y noches solo, en medio del crudo invierno y los bosques nevados, hambriento y gravemente herido. Incluso escapó de los peligros que lo acechaban y no se dio por vencido.

Básicamente, podríamos decir que durante los 157 minutos que dura la película, podemos ver a Di Caprio agonizar como nunca. Y no, si no la vieron no se lo pueden imaginar. Yo les advierto, es bastante fuerte. Pero es la primera vez que soy capaz de decir que sufrí mucho pero la película me gustó. Es muy buena.


Sí, es muy buena. No podrían haberla hecho mejor y sinceramente se lucieron. Hicieron un buen trabajo con ella y creo que es una película que se merece muchos reconocimientos. No tengo más palabras para explicar el gran trabajo cinematográfico que realizaron. Me levanto y los aplaudo de pie, a todos. Y a Leo, por supuesto, que este año se nos lleva su deseado Oscar, que bien merecido lo tiene.
Véanla y sufran, vale la pena.


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8 feb 2016

Series: Jessica Jones

16 comentarios:
Hoy les traigo algo diferente —ya que hace mucho tiempo no escribía sobre series— para ir cambiando un poco los aires en el blog. Tengo muchos posts sobre filosofía y crónicas universitarias que están en proceso y alguna que otra cosa que tengo ganas de compartirles, pero últimamente estoy escribiendo para mí y tengo la cabeza en otro lado. Además, estoy estudiando desde el 25 de enero para rendir una materia que me quedó pendiente y estoy media agotada mentalmente —y eso que hace unas semanas volví de mis vacaciones—, pero bueno, qué se le va a hacer.
Pensé que sería ideal —ya que aun la mayoría sigue de vacaciones— traerles una recomendación de una serie que podrían ver en estos días; y como no, para aprovechar el fin de semana largo con lluvia.
No es que la acabo de terminar y quiero reseñarla —de hecho, la vi el año pasado a penas salió—, sino que quiero recomendarla y necesito que la vean o por lo menos que le den una oportunidad a esta serie. Ahora les voy a contar por qué.


Jessica Jones es una serie de Netflix basada en los cómics de Marvel del personaje Jessica Jones (Krysten Ritter) —valga la redundancia—, una detective heroína independiente con un pasado novedoso y un trauma que cambió su vida y su forma de ser por completo. Posee una fuerza supernatural a causa de un accidente que sufrió cuando era adolescente y la valentía, la seriedad y el humor podrido la caracterizan. Su adicción a las bebidas alcohólicas no solo no solucionan sus problemas y angustias, sino que la vuelven más descuidada con su entorno y con ella misma.

Dicen que para ser un superhéroe no hace falta tener superpoderes, sino realizar acciones buenas y justas. Es por eso que la especialidad de Jessica Jones es ser detective. Con su agudo sentido de justicia y una personalidad fuerte, ¿quién podría resolver mejor los casos?



Durante el desarrollo de la trama, la persona que le provocó graves traumas y la atormentó por mucho tiempo, reapareció en su vida: volvía a por ella. He aquí, chicos, el mejor villano de todos para mi gusto. Un hombre con una extraña anomalía que controla mentes y conductas de cualquier persona sin necesidad de consenso. Nadie puede resistirse a sus órdenes, nadie puede negársele. Jessica fue su esclava por un tiempo hasta que logró escapar. Pero este villano, que se hace llamar Killgrave (David Tennant), parece invencible y no se va a detener hasta conseguir lo que quiere: que Jessica se enamore de él.


Da miedito, ¿no?

Más o menos me morfé los 13 capítulos como si fueran un kilo de helado. Creo que es una serie que vale la pena ver, ya que a pesar de que su historia provenga de un cómic —yo amo todo lo relacionado con los superhéroes, pero si no acostumbran a ver cosas como esta, tienen que probarlo—, no está sobrecargada de efectos especiales y los pocos que hay, son excelentes. Además el ambiente oscuro y frío de las calles de Nueva York, nos hacen sentir que estamos ahí mismo y nos atrapan en todo momento —o por lo menos, a mí me pasó—. Los personajes, fuertemente caracterizados por sus distintas personalidades y aspectos físicos, —por ejemplo, a Jessica siempre la vemos con una campera de cuero negra y un jean claro—, están positivamente acertados en conjunto con la trama y los guiones. De hecho, la combinación de acción, suspenso y el mundo de Marvel, cada vez quedan mejor en la tv.



Calificación:


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