14 ago. 2016

Fotografía social

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Cuando empecé a sacar fotos por hobbie, tenía diecisiete años y una cámara semipro abandonada por su propia dueña. Ese día mi manía por darle utilidad a las cosas inútiles y olvidadas que hay en mi casa, me hizo salir a pasear por la ciudad con mis amigas con la cámara colgada en el cuello.

Fue así como descubrí que además de fotografiar la ciudad y los paisajes, me gustaba retratar a las personas. De tanto observar, empecé a notar un valor artístico en la espontaneidad de la gente en el espacio público y me convertí en una cazadora de poses que no son poses y momentos casuales que transformé en únicos.

Más tarde me pregunté si podía convertir a la fotografía en algo social. Porque así como le busco la utilidad a las cosas inútiles de mi casa, examino e intento registrar lo positivo y constructivo a los instrumentos que creamos para crear: en este caso, la cámara.


Sentí que la fotografía podía ser algo más que un arte y una pasión: ¿Y qué tal sería que esta fuera un portal hacia la realidad y la toma de conciencia social?
Investigué sobre lo que comenzaba a hacerme ruido y me encontré con el fotoperiodismo y luego con la fotografía humanista, dos prácticas que retratan la realidad.
"Aylén, vos siempre caés en el mismo círculo: hobbie -> pasión -> pregunta filosófica -> investigación -> reflexión -> descubrimiento -> cambio de paradigma -> nueva utilidad a una cosa". No hay caso, la fórmula siempre es la misma.


Cuando empecé a ir todos los sábados a Villa Inflamable, mi visión de la fotografía, tanto como del mundo, se modificaron por completo. Fue un cambio de paradigma que despertó algo nuevo en mí y qué lástima que estuvo dormido tanto tiempo.

¿Qué pasaría si les saco una foto? ¿se molestarían?
¿Y qué ocurriría si la subo a alguna red social? ¿Qué pensaría la gente de instagram, acostumbrada a corazonear paisajes majestuosos, selfies vacías y fotos de comida, al ver una imagen de un par de nenxs en la villa?


Le encontré la vuelta social a la fotografía: retratar la realidad no con un fin artístico, sino con la intención de concientizar, hacer ver y generarle algo al espectador. Que la foto sea fuerte, que choque, que provoque algo: no placer estético, no alegría o admiración; sino todo lo contrario. Que genere indignación, pensamiento y reflexión.


Una persona utilizando una herramienta sobrevalorada que levanta egos, para fotografiar a otras personas en los lugares menos fotografiados... para mostrar lo que está y siempre estuvo, lo que nos rodea y naturalizamos, lo que existe y no debería de existir. Pero está y lo muestro, porque esta también es nuestra sociedad.
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6 ago. 2016

Comunicación: Cuestión de escritura

3 comentarios:
Escribir es para la gente que sí o sí tiene una pizca de introversión, sino no habría necesidad de comunicar palabras que solo están en la mente y se sienten desde lo más profundo. También es para quienes deben decir algo, ¿Sino por qué se escribiría?
Nadie nace sabiendo que quiere hacerlo durante toda su vida, más bien es una habilidad que se va formando con el tiempo y las experiencias, que va tomando constancia y naturalidad en pos de disfrutar de esta.

Las personas que escriben no se dan cuenta de que lo hacen hasta que sienten placer al sentarse para agarrar el lápiz y plasmar palabras. Quien escribe sabe que es una necesidad o, simplemente algo que no se puede explicar muy bien y que surge desde adentro; por lo tanto, también es un impulso.

La escritura es otra de las tantas herramientas que creó la humanidad. En un principio nació para no olvidar, luego para informar y casi siempre para jugar con ella y darle un sentido estético.
A veces me pregunto qué otro tipo de uso puedo darle.


Una idea no siempre sale sobre el papel tal cual se construyó en la mente —y a menudo ocurre que cuando se lee lo que se escribió libremente, el texto no quedó del todo correcto—. Enfrentarse a las reglas de escritura no es de lo más apasionante para quien escribe solo por el amor al arte y no por amor a la perfección. Duele cuando los párrafos cambian y pierden cierto sentido retórico y personal cuando son corregidos. Los ves y... ya no son los mismos. Sonaban lindos así, tal cual fueron producidos por primera vez con sus propios defectos. Las reglas los transformaron en algo serio; lo que antes era una idea y estuvo intacta en la mente, fue vestida de elegante.

Se escribe cuando el pensamiento se vuelve palabra, la mano no deja de moverse y el mundo desaparece. No hay nada alrededor, es pura soledad y voz interna. "Es el acto más solitario que existe", dijo una vez mi profesora de Derecho a la Información, "... y requiere de mucho esfuerzo, no es fácil escribir, genera cansancio y desgaste mental porque es un descargue, es algo que sale y hay que saber sacarlo".

A veces, solo a veces me pongo a pensar en la suerte que tuve de enamorarme de la escritura.

"Aylén, quiero mostrarte lo que escribí: Hoy estoy sola y está oscuro y me siento triste porque hoy mi papá se acostó conmigo y después se fue o sea se volvió a su pieza...". Me leyó. "Siempre escribo lo triste", me dijo.
Mi sobrina tiene siete años.
"¿Y por qué escribís lo triste?" Le pregunté.
"Para no olvidarme, porque lo feliz siempre me acuerdo".
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